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Otra forma distinta al test de Turing para evaluar la inteligencia artificial

Otra forma distinta al test de Turing para evaluar la inteligencia artificial
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Desde hace décadas, para medir la inteligencia artifical empleamos el consabido Test de Turing: una prueba propuesta por Alan Turing en 1950 en un artículo (Computing machinery and intelligence) para la revista Mind, y sigue siendo uno de los mejores métodos para los defensores de la inteligencia artificial. Se fundamenta en la hipótesis positivista de que, si una máquina se comporta en todos los aspectos como inteligente, entonces debe ser inteligente. Es decir, que si un ser humano se comunica con una inteligencia artificial y no se da cuenta de que es tal, es decir, que cree que es un ser humano, entonces estamos ante una inteligencia artificial verdaderamente inteligente.

Ahora, un profesor del Instituto de Tecnología de Georgia (EEUU), Mark Riedl, ha propuesto otra forma alternativa para medir esta inteligencia, el test de Lovelace 2.0 (nombrado así por la matemática Ada Lovelace) y que es una actualización del presentado en 2001, se basa en que la máquina en cuestión debe ser capaz de escribir una historia de ficción, crear un poema o elaborar una pintura para superar la prueba.

Según explica el propio Riedl:

Para superar este test, el agente artificial debe desarrollar un artefacto creativo a partir de una serie de géneros artísticos que requieren un mínimo desarrollo de inteligencia. Además, el artefacto debe cumplir con ciertas limitaciones que son impuestas por el evaluador humano. La creatividad no es exclusiva de la inteligencia humana, pero sí es uno de sus sellos de identidad.

Por el momento ninguna máquina ha sido capaz de superar el test de Lovelace 2.0.

Vía | Revista Proware
Imagen | stevendepolo

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