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Singularidades extraordinarias de animales ordinarios (IX): la cabra

Singularidades extraordinarias de animales ordinarios (IX): la cabra
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¿Os acordáis de aquella disparatada secuencia de la película de Los Simpson en la que Homer canta aquello de “Spider Pig, Spider Pig” imitando la sintonía de la serie antigua y cutre de Spiderman? Sin duda, en vez de habérselo cantado a un cerdo debería haberlo hecho a una cabra, pues las arañas y las cabras tienen más cosas en común de lo que pensamos. “Spider Cabra, Spider Cabra…” (Por cierto, también podéis leer el artículo dedicado a la araña que escribimos hace unos días).

-Las cabras son capaces de trepar los árboles y subir por los acantilados casi verticales, tal y como haría Spiderman. Esto es posible porque sus pezuñas están provistas con almohadillas interiores blancas que se adhieren a las rocas como almohadillas de succión. Sus pezuñas cortas actúan como picahielos para el descenso, como un escalador bien equipado.

-El otro punto coincidente con las arañas es que en 2002 se implantó un gen de araña a un rebaño de cabras canadienses. Después de ordeñar la leche y extraer la proteína, se obtuvo una fibra idéntica a la seda de araña. Seda que se ha patentado como BioSteel.

-La cabra fue el primer herbívoro que se domesticó, hace 10.000 años, en las montañas de Irán.

-A la hora de comérnoslas no deberíamos tener tantos remilgos: las cabras producen más leche que las vacas en relación a su tamaño, y también su leche es más rica en proteínas y calcio, y tiene menos lactosa, que la de vaca. La carne de cabra es muy sana y tiene mucha menos grasa y colesterol, y más hierro, que la de cordero o ternera. No en vano, la carne de cabra se consume en el mundo en mayor proporción que la carne de cerdo o de pollo.

-Incluso las cabras son buenas mascotas y extremadamente limpias y escrupulosas: si la saliva de otra cabra toca su comida, o si ésta tiene el más leve signo de suciedad, se niegan a comerla. Así que si os da pena comeros una vaca, os recomiendo la estrategia que empleaba Alexander Selkirk, el náufrago que inspiró la historia de Robinson Crusoe: marcar las orejas de las cabras “que más le gustaban” para evitar comérselas.

-El único inconveniente es el olor. Un olor a sobaquina. Porque lo producen las mismas bacterias que hacen que nuestras axilas expelan su tufo insoportable, junto a una combinación de ácidos grasos presentes en la leche y en la carne.

-El conocimiento humano no sería lo mismo si no fuera por las cabras: durante mil años, la sabiduría se recogió en pergaminos de piel de cabra.

Así es la cabra. Como Spiderman. Buena mascota, muy remilgada. Apestosa. Y biblioteca andante de nuestros conocimientos primigenios.

Vía | El pequeño gran libro de la ignorancia (animal) de John Lloyd

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