Esas anómalas personas de cara blanca llamadas europeos (I)

Esas anómalas personas de cara blanca llamadas europeos (I)
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En tiempos en los que ser de uno y otro color de piel depende cómo te miran los demás, en los que millares de personas consideran la raza aria superior al resto o en que lo políticamente correcto impone sustituir palabras como “negro” por circunloquios altisonantes como “miembro de la diáspora africana”, vale la pena echar un vistazo a los motivos por los cuales algunos seres humanos parecen haber visto un fantasma y en sus ojos se refleja un mar frío.

Y es que, en realidad, los blancos son pocos, raros y anómalos. Y todo por culpa de la leche.

Los antepasados europeos eran grandes consumidores de leche a fin de obtener calcio y evitar el raquitismo o la osteomalacia, pues hace ocho o nueve mil años empezó una emigración hacia el norte de Europa de agricultores y ganaderos neolíticos que usaban el fuego para despejar el bosque, cultivaban cereales en pequeños huertos y permitían que su ganado pastara en las praderas que crecían tras la quema del bosque.

En este contexto, no había apenas sitio para el cultivo de verduras de carácter hojoso y de color oscuro, ricas en calcio pero de contenido energético escaso. La leche era la mejor alternativa.

Pero ¿qué pruebas tenemos de que los pioneros neolíticos corriesen un riesgo especialmente elevado de contraer raquitismo u osteomalacia? Según Marvin Harris:

Las pruebas las aportan, por una parte, la tez extraordinariamente blanca de los habitantes del norte de Europa y, por otra, el gradual oscurecimiento del color de la piel que se observa al viajar desde las Islas Británicas y Escandinavia a los países que bordean el Mediterráneo. Desde un punto de vista cuantitativo, la piel que varia de la blancura absoluta a los tonos sonrosados es tan “anómala” como la suficiencia en lactasa durante la madurez. La mayor parte de la humanidad posee una piel de color oscuro o moreno, y es posible que hace apenas diez mil años no existieran en parte alguna seres humanos cuyo color de la piel se pareciera al de los actuales habitantes de la Europa septentrional.

Una cara blanca y la suficiencia en lactasa están relacionadas entre sí: la tez clara, al igual que la suficiencia en lactasa, aumenta la absorción del calcio al permitir que determinadas longitudes de onda de luz penetren en la epidermis y conviertan en vitamina D un tipo de colesterol que se encuentra en ésta.

La sangre transporta la vitamina D desde la piel hasta el intestino (convirtiéndola técnicamente en una hormona más que una vitamina), donde desempeña un papel decisivo en la absorción del calcio. La vitamina D también se puede obtener directamente de fuentes dietéticas, pero éstas son extraordinariamente limitadas.

Pero entonces surge una inevitable pregunta: si la tez blanca favorece la síntesis de vitamina D y la absorción de calcio y el calcio es un nutriente tan importante, ¿por qué la tez morena es lo habitual en el ser humano y la tez blanca es algo así como ser un marciano? ¿No debería ser lo contrario?

Lo veremos en la siguiente entrega de este post.

Vía | Bueno para comer de Marvin Harris

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