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¿Los animales tienen cultura?

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Solemos considerarnos el culmen de la evolución, las criaturas más chachis del planeta; incluso solemos diferenciarnos del resto del reino animal: allí están ellos, aquí estamos nosotros.

Pero la ciencia nos demuestra que la línea divisoria entre seres humanos y animales cada vez es más difusa. Por ejemplo, en el tema de la cultura.

Si bien es cierto que los seres humanos son especialistas a la hora de adquirir cultura con mucha facilidad y en fases muy tempranas de la vida (el psicólogo Andrew Meltzoff, de la Universidad de Washington, descubrió que cuando le sacaba la lengua a una niña de 3 semanas, ésta le devolvía el gesto), los animales también son capaces de imitar.

En un artículo de Nature se aseveraba, por ejemplo, que al menos 39 conductas diferentes de chimpancé con culturalmente dependientes, variando de un grupo de animales a otro.

Incluso los orangutanes parecen tener alguna clase de cultura. En un estudio recién publicado se decía que exhiben como mínimo diecinueve conductas distintas culturalmente dependientes. Por ejemplo, de seis grupos estudiados, los orangutanes de Tanjung Putting de Borneo son los únicos que toman parte en el deporte de hacer surfing sobre ramas caídas de árboles muertos, mientras que los Kutai, de otra parte de Borneo, y los Ketambe de Sumatra son los únicos que parecen haber dado con el truco ámate-a-ti-mismo de usar herramientas para el autoerotismo.

Con todo, la variedad cultural humana es mucho mayor que la variedad cultural animal, por mucho que los animales hayan descubiertos los secretos de los juguetes sexuales.

Tal como señalaba el ecólogo Peter Richerson y el antropólogo Robert Boyd, en la misma variedad de entornos donde podemos encontrar babuinos hay seres humanos que presentan sistemas de parentesco, estructuras sociales, dietas alimenticias y modos de recolectar su sustento diario absolutamente diferentes.

A veces he oído a ciertos psicólogos decir que para que un bebé chimpancé (o babuino) actúe como un ser humano sólo haría falta un hogar humano afectuoso. No obstante, todos los intentos de criar primates no humanos en entornos humanos han sido un fracaso.

Vía | El nacimiento de la mente de Gary Marcus

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