Siguiendo la estela de que solo usamos el 10 % de nuestro cerebro, en la cultura popular ha arraigado con fuerza lo de que el alma pesa 21 gramos (hasta hay una película de Alejandro González Iñárritu titulada 21 gramos precisamente por esa razón).
Pero ¿cuánto hay de cierto en esa afirmación?
En primer lugar, dar por válido un aserto como ése implicaría muchas cosas. La primera es que el alma existe. Y ésa es una afirmación ciertamente extraordinaria, del tipo Dios existe, los extraterrestres existen, los duendes existen o mi amigo Juan es capaz de volar como Supermán. Y ya sabéis: cualquier afirmación extraordinaria precisa de pruebas igualmente extraordinarias para ser respaldada; nada de pruebas de tres al cuarto (tipo experimentos cutres de un investigador aislado, testimonios de personas o cosas así) sino una maraña de demostraciones que no solo nos revelen que la afirmación es veraz sino (sobre todo) la razón de que es veraz y cómo podemos encajarla en todo el conocimiento consensuado que ya atesoramos.
A ese respecto, ¿qué clase de pruebas tenemos sobre el peso del alma? Pues unos experimentos de principios del siglo XX del físico estadounidense Duncan MacDougall, dedicados a transportar a enfermos que estaban a punto de morir a una balanza de tamaño industrial para pesarles antes y después de su muerte. Concretamente, cuatro enfermos por tuberculosis, uno por diabetes y otro por causas desconocidas.
Las notas de laboratorio de MacDougall de una de las sesiones ofrecen una gráfica descripción de las dificultades que implicaba la tarea, tal y como las transcribe Richard Wiseman en su reciente libro ¿Esto es paranormal?:

La revista New England Journal of Medicine ha publicado un ambicioso estudio realizado en la Escuela de Salud Pública de Harvard en el que se ha situado a un lado del ring a las patatas fritas y, en el otro, al yogur y a los frutos secos.
Aunque el verano ya llegó y es un poco tarde para ponerse con la Operación Bikini, os quiero presentar 24 formas de perder peso sin hacer dieta. Son formas que están médicamente contrastadas, así que tampoco os hubieran servido para la apresurada Operación Bikini. Porque recordad: para afirmar que una dieta funciona no basta con aducir que te hace perder peso (también vivir en un campo de concentración te hace perder peso y nadie podría admitir esa clase de dieta como saludable).
Finalmente, vamos a calcular cuánto pesa la madera y el acero de nuestra casa mental y eminentemente británica:
En nuestro intento por calcular el peso de una casa, nos quedamos con la idea de que un ladrillo hueco corriente pesa unos 2 kg. Pero necesitamos saber cuántos ladrillos hay en nuestra casa.
A menudo vemos a un superhéroe descuajaringando una casa para lanzársela a su archienemigo, como si en realidad se tratara de una pluma. Pero ¿realmente cuál es el peso que está levantando el superhéroe? ¿Cuánto pesa una casa unifamiliar estándar?
Acostumbramos a fijarnos en si hemos engordado o adelgazado, compramos básculas para el baño a fin de controlar la línea, nos decimos, tras un tiempo sin vernos, qué guapo te veo o qué grande te has hecho. Pero raramente solemos decir sí que te has vuelto culto o ahora eres menos amable que antes.
Ahí va un pequeño desafío a los lectores, relacionado con la mecánica y la biología. Tiene que ver con el pequeño tamaño típico de los insectos (el insecto más pesado conocido es el 