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Lugares con "otra" marca o la piratería de productos

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marcas-piratas.jpgEl otro día os hablaba de diversos lugares del mundo que han sido colonizados por marcas comerciales como Mattel, Pepsi o Disney. Otros lugares aspiran a estar tan colonizados por las marcas comerciales como los anteriormente mencionados, pero las gentes que los habitan no disponen de los medios económicos suficientes para adquirir masivamente tales marcas. Así pues, estos lugares adoptan otras marcas diferentes, cualitativamente inferiores, mucho más baratas, fraudulentas en la mayoría de los casos, que sin embargo tienen una sonoridad casi idéntica a las originales.

Esta clase de lugares con marcas falsas (aunque marcas, al fin y al cabo) proliferan en África. La mayoría de los países de África no disponen de asociaciones de consumidores, y muchas poblaciones alejadas de las capitales, en las que existen escasos controles de calidad, los comerciantes se rigen por la filosofía de “hecha la ley, hecha la trampa”.

Un ejemplo es Lira, en Uganda, que posee un mercado importante, en constante crecimiento. Un mercado que no se circunscribe a las frutas, verduras u otros productos agrícolas, sino ofrece toda clase de productos, incluidos los electrónicos. Por ello no es extraño que en el mercado de Lira podamos encontrar calculadoras Casho u otros aparatos de la marca Panasoanic, Torshiba y demás variantes fonéticas que tratan de imitar a las marcas más importantes del mercado.

La mayoría de estos productos fraudulentos proceden de China, con lo cual muchos de los libros de instrucciones que acompañan a los aparatos electrónicos están escritos exclusivamente en mandarín. Un libro de instrucciones ininteligible al que sin duda acudiremos en cuando encendamos el aparato en cuestión: lo más probable es que no funcione o le falte un fusible.

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¿La publicidad es realmente efectiva? (y V)

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23-nike-basketball2.jpg¿Cuál es el procedimiento por el cual un producto acaba siendo comprado por una gran cantidad de gente, dándonos la ilusión de que ha sido la publicidad la inductora de la compra? Obviamente, no lo conocemos en detalle, pero sí tenemos unas cuantas pistas.

La mejor herramienta para descubrir estas intuir cómo se difunden estas tendencias es el estudio epidemiológico, que también es el empleado para detectar pautas en las modas, los estilos musicales, las rachas de delincuencia o incluso los suicidios juveniles. Y también en los virus de un catarro.

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¿La publicidad es realmente efectiva? (IV)

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consumismo.pngEn pocas palabras, la gente consume productos que sintonicen con la categoría persona que cree ser o quiere aspirar a ser. El verdadero objetivo del consumismo es la distinción, así que se produce en todas las sociedades de una u otra forma, exista o no la publicidad.

Lo que intenta la publicidad es que determinada marca funcione como un marchamo: se acoja a determinada categoría o colectivo para que los integrantes de la misma la adquieran sobre la competencia (orientada a el mismo colectivo o a colectivos diferentes).

Todo esto suena un poco desazonador. Nos presenta como pobres criaturas que sólo buscan gustar a los demás y que, además, son bastante predecibles. Bienvenidos al maravilloso mundo de la biología y la selección natural.

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¿La publicidad es realmente efectiva? (III)

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libros2.jpgParece que todos acudimos a las tiendas a comprar determinadas marcas como si fuéramos borregos. Y también parece que la publicidad nos hace creer que esas marcas son mejores que las demás. Lo cual supone una prueba del poder de la publicidad y de lo irracional que puede llegar a ser el consumidor. ¿Cómo se explica, entonces, que algunas marcas de agua sean más caras que la gasolina?

Pero sólo lo parece. Como afirma Michael Schudson:

Aunque el concepto de marca surge de la necesidad de crear una distinción para solucionar la falta de diferenciación, el hecho de que se haya conseguido implantar con éxito no está necesariamente relacionado. A menudo olvidamos que gastar dinero implica correr un riesgo. Podemos comprar algo distinto de lo que queríamos, o puede ser que nos timen. Un aparato puede ser defectuoso; un alimento puede estar pasado o rancio; un artículo anunciado por la televisión puede no estar a la altura de lo esperado. Existen tantos mecanismos de protección al consumidor (como el plazo de devolución, el periodo de garantía, las asociaciones de defensa del ciudadano y la correspondiente legislación) que tendemos a olvidar el miedo que nos ha producir siempre la posibilidad de que nos estafen.

La forma en que la gente, en grandes urbes, con miles de artículos disponibles, ha tenido para protegerse contra este miedo también ha sido afianzar su confianza con marcas estables.

Y, tal y como añade Joseph Heath:

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¿La publicidad es realmente efectiva? (II)

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arbolnavidad.jpgComo os explicaba en la anterior entrega de este artículo, la publicidad no parece que nos lave el cerebro ni que nos inculque un consumismo especialmente preocupante (no se consume más porque haya más publicidad sino porque hay más o menos dinero para consumir: la publicidad sólo es un reflejo de esa situación, no la causante).

Pero sí que podría funcionar como un seductor de consumidores ya convencidos, que simplemente escogen una marca u otra, tal y como explica Joseph Heath en Rebelarse vende:

La publicidad no es inocua, y probablemente influya en nuestra mentalidad y nuestros hábitos de consumo. Sin embargo, tiene menos que ver con el lavado de cerebro que con la seducción. Así como una buena técnica de seducción se basa en la idea de una relación sexual, la publicidad se basa en necesidades y deseos que ya existen. No se puede seducir a una persona a la que no le interese el sexo, y no se puede vender un blanqueador dental a una persona que no dé importancia a su aspecto físico.

O al menos, añadiría yo, no hay estudios rigurosos que demuestren que sea posible empujar al consumo a una persona. ¿Navidad? ¿El día del padre? ¿Los cumpleaños? Sí, la gente afirma compungida que son ardides maquiavélicos para incitarnos al consumo, sin embargo en realidad son reflejos de la misma necesidad de consumo. Nadie inventó conscientemente esos días de consumo, sino que se fueron forjando por sí mismos (y si previamente hubo un inventor, acertó de chiripa).

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¿La publicidad es realmente efectiva? (I)

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cerveza.jpgPopularmente tendemos a otorgarle un gran poder a los medios de comunicación. Que si los medios de comunicación nos abocan al consumismo desaforado (ya expliqué en este aquí que hay sociedades humanas que no conocen los medios de comunicación que son tan o más consumistas que nosotros), que si los medios de comunicación incitan a los comportamientos violentos (lo que provoca que un niño tenga un comportamiento asocial o, por extensión, violento no parece el consumo de programas violentos sino el exceso de televisión, aunque sea de Barrio Sésamo, como ya desarrollé aquí) o que nos inculcan modas, hábitos y demás (cuando, en el fondo, es justo al revés, como bien explica Malcolm Gladwell en su libro La clave del éxito: los medios copian a los personajes más influyentes a nivel social para atraer a la gente, no para influirla).

En ese sentido, también tendemos a creer que la publicidad tiene un efecto mayor del que realmente se ha evidenciado que tenga (que me perdonen los publicistas). De hecho, su influencia, a ciencia cierta, es tan baja que resulta incluso asombroso el dinero que se gastan las empresas en producirla: es como apostar a los caballos sin tener ni idea de cuál es el ganador. En EEUU, por ejemplo, el presupuesto total que se emplea en publicidad asciende a los 200.000 millones de dólares.

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[Libros que nos inspiran] ‘La clave del éxito’ de Malcom Gladwell: ¿cómo surgen y se propagan las modas?

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9788430606344.jpgRecuerdo que de pequeño, en mi colegio, solía ponerse de moda, de manera cíclica y efímera, el jugar con un yoyó y aprender a hacer toda clase de exhibiciones con él, en plan exhibición de pavo real. Nadie estaba detrás de este fenómeno. Nadie había armado una campaña de marketing para fomentar la venta de yoyós. Ningún actor o cantante famoso salía por la televisión jugando al yoyó.

Simplemente, en pocos días, todos nosotros jugábamos al yoyó.

De esto trata la obra de Malcolm Gladwell, a pesar de que el título, La clave del éxito, pueda hacernos creer que nos enfrentamos a una obra de coaching o de management. La clave del éxito habla, sobre todo, de modas, de cómo se producen, de cómo se propagan y de cómo mueren.

Resumir la tesis del libro no es sencillo en pocas palabras, pero Gladwell viene a dividir a la sociedad en 4 clases de personas. La primera clase somos la mayoría, casi todos nosotros. La segunda clase son los conectores. Luego vienen los mavens. Y por último, los vendedores natos.

Los conectores son esa clase de persona que conocen a mucha gente, que incluso parecen conocer a todo el mundo. Y no sólo se caracterizan por el número de gente que conoce sino por la clase de gente que conoce. Los conectores son excelentes a la hora de conectar gente entre sí, y confiamos en ellos para que nos enlacen con otras personas.

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Si unos miran a la ventana, todos miramos a la ventana: el experimento gregario de Milgram

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2970259332_56904baff2.jpgPor muy independientes o autónomos que nos consideremos, lo cierto es que todos nos fijamos en los demás a fin de fijar nuestros valores sobre las cosas, lo que es importante o no, lo que gusta y no gusta, etc.

Para constatar hasta qué punto lo que hacen los demás determina lo que hacemos nosotros (más allá incluso de su manifestación más superficial: las modas), en 1968 se realizó el célebre experimento del psicólogo Staley Milgram.

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¿Cómo empieza paso a paso una moda o tendencia social? (V)

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En el post anterior hablábamos de los conectores y de los mavens a la hora de propagar una idea, una moda, una costumbre o incluso una enfermedad. Hoy hablaremos del último grupo de personas responsables de propagar los memes: los vendedores natos.

Los vendedores natos tienen la habilidad de persuadirnos cuando no estamos demasiado convencidos de lo que acabamos de oír. Son algo así como hipnotizadores sociales.

Acostumbran a ser personas que saben modular muy bien la voz y transmitir muy bien los sentimientos con ella. También exhiben unos modales exuberantemente naturales. Son cercanos y casi familiares, como si los conociéramos de siempre. Su objetivo no es sólo venderte algo sino hacerte feliz. Por ejemplo, un vendedor de coches cortado por este patrón no se limita a vender coches, sino que ama a sus clientes, vive por ellos, se realiza haciéndoles la vida mejor.

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¿Cómo empieza paso a paso una moda o tendencia social? (IV)

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Una vez definidos esa clase de persona que son los conectores, es hora de hablar de los mavens. Es cierto que los conectores son excelentes a la hora de conectar gente entre sí, y confiamos en ellos para que nos enlacen con otras personas. Los mavens son lo mismo en el ámbito de la información.

Confiamos en ellos para nos conecten con información y datos nuevos.

Si los conectores son expertos en gente, los mavens son expertos en información. La palabra maven procede del yiddish, y significa “el que acumula conocimientos”. Los mavens son la clase de personas que descubren que un comercio está haciendo publicidad engañosa, los que se preocupan de enviar cartas al director, los que saben más que el vendedor de coches cuando van a comprar el coche.

Los mavens están en todos los ámbitos de la vida y en todos los grupos socioeconómicos. Es la persona que todo conocemos a la que consultaremos antes de hacer determinada compra.

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