Malcolm Gladwell tiene una prosa irresistible. Es capaz de introducirte en cualquier concepto científico abstruso como si te explicara un cuento. A veces, las obras de Gladwell parece más una novela que un ensayo. Y, por si fuera poco, todas sus paginas están jalonadas de datos curiosos que seguramente no conoceréis.
Por esa razón, a pesar de que Inteligencia intuitiva es, a mi juicio, la obra de Gladwell más floja… es igualmente interesantísima. En ella habla del poder de nuestros pálpitos, de nuestras intuiciones, de nuestra primera impresión, de esas minireflexiones que apenas duran unos segundos, incluso mucho menos, y que resultan mucho más acertadas que meditaciones de semanas o meses.
Pero también habla de muchas otras cosas relacionadas con nuestro cerebro y sus fallas, por ello nos ha inspirado para escribir entradas como A menudo vivimos en modo zombi, El pulso emocional en la Segunda Guerra Mundial o Cómo saber si un matrimonio tendrá éxito en sólo 15 minutos.
No todo lo que aporta Gladwell es igualmente riguroso, pero indudablemente ofrece material para la reflexión.
Y es que, a pesar de las apariencias, nuestro cerebro no está preparado para meditar demasiado sobre las decisiones que debe tomar. Nuestro cerebro fue cableado en una época en la que la reflexión no tenía valor sino la decisión rápida: ante los peligros de la sabana africana, no valían filosofías, sino actuar o morir.

En 2008, casi todos los españoles tararearon alguna vez la canción Baila el chiki-chiki de Rodolfo Chikilicuatre. Quién más o quién menos no ha podido evitar que se les colara en la mente temas de Rafaella Carrá o Georgie Dan.
¿Cuál es la mejor forma de atraer sexualmente a alguien? ¿Cómo podemos aumentar nuestro sex appeal? Olvidaos de pintalabios, sesiones en el gimnasio, wonderbrás o tener una cartera muy abultada (ya sea por la envergadura de vuestro sexo o porque ganáis mucho dinero).
6.
2.
Atendiendo a un correo en el que me preguntaba un lector la razón de que nos besemos, he decidido escribir una serie de artículos sobre por qué hacemos lo que hacemos en muchos otros ámbitos de la vida.
Según la sociobiología, nuestra forma de elegir pareja y nuestras preferencias relativas al aspecto físico son en el fondo producto de una ventaja genética. En principio, tendemos a desear emparejarnos o mantener relaciones sexuales con aquellos que en el contexto de nuestro pasado evolutivo incrementaban nuestro legado genético.