Algunos se acercan a los pañales de los bebés como si fueran material radiactivo: con pinzas y unas gafas de soldador. Bueno, eso lo vi en una película. La cuestión es que ahora hay otra justificación para contemplar a los pañales de esta guisa: se han convertido en una nueva forma de crear energía, abono para las plantas y nuevos materiales a partir del plástico reutilizado..
Si analizáramos un pañal usado descubriríamos que contiene los siguientes elementos:
• Plásticos: de un 10 a un 20 %.
• Polímeros súper absorbentes: de un 5 a un 10 %.
• Fibras: de un 10 a un 20 %.
• Residuos orgánicos: de un 50 a un 70 %.
Cada bebé necesita unos 6.000 pañales en sus primeros 24 meses de vida, así que imaginad el monto de pañales que se genera anualmente en el mundo. Y no sólo son ya los bebés los que consumen pañales desechables en una sociedad cada vez más envejecida: El número de personas por encima de los 65 años se ha triplicado en el último medio siglo hasta una cifra récord de 420 millones de personas en todo el mundo, con los que cada vez más ancianos dependen de estos pañales desechables.
El programa “Happy Nappy”, de la empresa francesa Suez Environnement, pretende reciclar todo ese material, triturándolo para separar las distintas partes, a fin de posteriormente tratarlas de manera independiente.

Cuando salgo a correr algunas tardes y me encuentro en sendero por el que discurro jalonado de excrementos de perro, suelo hacerme la misma pregunta: ¿no podría emplearse para algo útil toda esta materia fecal desperdigada además de para mancharme la suela de los zapatos? (También suelo pensar que estoy en un campo de minas, huyendo del enemigo, pero ése es otro tema.)
Hoy es sábado, día ocioso. Así que nada mejor que agitar la coctelera y leer un puñado de hechos insólitos que nos desentumezcan las neuronas y que nos demuestren, una vez más, que la realidad puede ser mucho más excitante que la ficción.