Después de acercarnos a los gustos físicos y sexuales de los hombres, muchos de vosotros me habéis preguntado qué pasa con las mujeres. ¿Qué quieren ellas? ¿Qué buscan? ¿En qué piensan?
Michael Cunningham ha tratado de resolver este enigma y ha llegado a la siguiente conclusión: las mujeres lo quieren todo, y a ser posible todo a la vez: un carácter masculino, maduro y dominante (que se traduce en pómulos salientes y mentón anguloso), que sea a la vez cálido y que transmita confianza (expresado a través de rasgos suaves e infantiles), que transmita afabilidad y cordialidad (es decir, debe tener una sonrisa amplia y unos ojos abiertos).
En este sentido, Tony Little, de la Universidad de Liverpool, hizo un experimento al respecto, en el que las mujeres debían transformar ellas mismas las fotografías de varios hombres con ayuda del ordenador. Conclusión: cuanto más atractiva se creía la mujer en cuestión, más masculino era el rostro que elaboraba con el ordenador.
El hombre debe ser protector y paternal pero también debe estimular libre al instinto protector y maternal de la mujer. Por ello, si el hombre tiene un toque infantil, ganará puntos.

La idea que os quiero transmitir de Vanuatu es parecida a la que transmitían las poblaciones indígenas de Norteamérica en el siglo
Siguiendo el hilo del post anterior,
I Want It All, que decía Queen. Pero ¿estaban equivocados? A la luz de ciertos estudios, en parte. Querer cada vez más, quererlo todo, es lícito, e incluso puede ser sano: después de todo, como especie hemos evolucionado en parte gracias a ese anhelo por poseer.