¿Cómo empieza paso a paso una moda o tendencia social? (III)

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Lo primero que hay que asumir en la teoría de los mavens, los vendedores y los conectores que forjan y propagan las modas y las tendencias es que los pequeños cambios son capaces de causar grandes consecuencias, como la mariposa del caos que aletea y origina un huracán en la otra parte del mundo.

La otra idea que hay que procesar es que, en la sociedad, unas personas cuentan más que otras. Los economistas suelen referirse al principio del 80/20, que quiere decir que el 80 % del “trabajo” siempre lo lleva a cabo un 20 % de los implicados (esto lo sabréis todos que aquellos que trabajéis en las oficinas de una gran empresa).

Malcom Gladwell lo expresa así:

En la mayoría de poblaciones hay un 20 por 100 de criminales que comete el 80 por 100 de todos los delitos. El 20 por 100 de los motoristas provoca el 80 por 100 de todos los accidentes. El 20 por 100 de bebedores de cerveza consumen ellos solos el 80 por 100 de toda la cerveza. En lo tocante a epidemias, sin embargo, esta desproporción resulta aún más extrema: un mínimo porcentaje de personas hace la mayoría del trabajo.

Por ejemplo, en un análisis sobre una epidemia de gonorrea en la población de Colorado Springs, en Colorado, se tomaron notas durante 6 meses sobre cada persona que acudía a una clínica para recibir tratamiento. Se descubrió algo realmente sorprendente.

Toda la ciudad de Colorado Spings, que supera los 10.000 habitantes, sufrió un ascenso inopinado de gonorrea debido a la acción de 168 personas que vivía en cuatro pequeños vecindarios y que básicamente frecuentaban los mismos seis bares. Eran una serie de personas que salía todas las noches, que tenía muchos más encuentros sexuales de lo habitual, y costumbres que se salían de lo común.

Una vez asimiladas estas dos ideas: que pequeños cambios provocan grandes causas y que unas personas cuentan más que otras, podemos empezar a clasificar a esas personas que son especiales cuando hablamos de modas, tendencias, epidemias o cualquier otro tipo de aspecto que se pueda transmitir a los demás. Como los yoyós de mi colegio.

Primero hablaremos de los conectores. ¿Os suena la teoría de los seis grados de separación? Según esta teoría, la máxima distancia que nos separa de cualquier persona son 6 personas intermedias. Pues bien, los conectores son la excepción: la distancia que les suelen separar de cualquier persona son, por término medio, la mitad, incluso menos.

Los conectores parecen conocer a todo el mundo. Por su trabajo o por su carácter, los conectores mantienen una conducta social anómala basada en las interacciones cortas con muchas personas diferentes. Y, además, disfrutan con ello. Prefieren hablar con mucha gente, citarse a menudo con gente diferente y dedicar un tiempo moderado a cada una de esas personas. Por el contrario, no suelen cultivar amistades largas y profundas.

Los conectores no sólo son importantes por el número de personas que conocen, sino también por la clase de personas que conocen. Por ejemplo, un actor de cine (un conector en potencia) puede ser un conector excelente si ha participado en diferentes tipos de películas, tanto baratas como caras, tanto de género fantástico como negro, tanto en unos países como en otros. Es decir, alguien que ha recorrido de punta a punta todos los mundos, subculturas, estratos y niveles que posee la profesión de actor.

En cierta ocasión conocí a un conector clásico en Chicago. Se trata de Lois Weisberg, Consejera de Asuntos Culturales del Ayuntamiento de Chicago. (…) Si repasa este último párrafo y hace un recuento, el número de mundos variadas al que ha pertenecido Lois resulta ser ocho: el mundo de los actores, los escritores, los médicos, los abogados, los amantes de los jardines, los políticos, los locos por los trenes y los aficionados a los mercadillos.

En la próxima entrega, los mavens y los vendedores natos.

Vía | The Tipping Point de Malcom Gladwell

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