¿Por qué la India es tan exótica y cool? La medicina alternativa como timo (y II)

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La idea de que la medicina científica, alópata y sobre todo occidental y moderna, en realidad es una suerte de contubernio para someter a la población mediante el “control médico” del comportamiento diferente o antisocial, o incluso es un generador de enfermedades para mantener la maquinaria económica, fue reforzada precisamente porque esta clase de medicina es muy eficaz para mantenernos saludables. Sobre todo si hablamos de enfermedades mortales.

Una vez ya no sufrimos enfermedades demasiado importantes en nuestra vida, al menos generalmente, creemos que tampoco eran tan importantes. No recordamos cómo era vivir sin la penicilina. Sin vacunas de ningún tipo. También nos hemos olvidados de que no hace mucho el 15 % de las mujeres moría en el parto.

Tal y como señala Heath en su libro Rebelarse vende:

Este contexto puede generar sospechas sobre la ética del sistema sanitario. “¿Por qué voy a tener que vacunar a mi hijo contra la polio? ¿Sabemos de alguien que tenga la polio?”, se pregunta la gente. ¿Será una maniobra de las compañías farmacéuticas para ganar más dinero”, concluyen. O también: “¿Por qué tengo que ir al hospital para dar a luz? ¿Sabemos de alguien que se haya muerto de parto? Será que los médicos masculinos quieren tener todavía dominada y reprimida a la mujer”.

Frente a esas preguntas, resultaba inevitable que la gente buscara alternativas. Y las encontró, sobre todo en China y la India. Si la medicina occidental separaba mente y cuerpo, la oriental se refería a la persona completa. Y tópicos así.

Desde la perspectiva de las medicinas tradicionales no existe un agente tóxico o una causa concreta de una enfermedad sino algo así como un desequilibrio general. Si te reequilibras, asunto arreglado. Por supuesto, esto ocurre porque la medicina tradicional nunca supo nada de virus, bacterias o tumores. Para ellos la enfermedad es una simplificación porque ni siquiera entienden cómo se produce la enfermedad.

Así que rellenaron esas lagunas de ignorancia con la energía qi de la medicina tradicional china, el ying y el yang, los chakras o centros de energía y demás supuestos que nunca han sido medidos ni probados por nadie. (Quien lo consiga gana el Premio Nobel, seguro).

Pero ¿qué pasa con occidente? ¿Aquí siempre hemos sido avanzados y tecnócratas? Naturalmente que no. Aquí también existió la medicina tradicional: la galénica. Dominó tanto la civilización cristiana como la islámica hasta el siglo XIX. Nosotros también fuimos una vez como los practicantes de medicinas naturales chinas e indias.

Antes de que existiera un verdadero conocimiento de la anatomía humana (sin contar la bioquímica) o del descubrimiento de los virus o las bacterias, todos jugábamos a médicos en el mismo jardín de infancia. Pero una vez descubierto todo ello, el éxito de la medicina moderna frente a la galénica fue demoledor. Y por eso se impuso, no por motivos maliciosos u oscuros.

Como también se impuso, oh, sorpresa, en la India y China. Y en esos países cada vez está más denostada la medicina tradicional, porque cura menos, porque mata más. Justo ahora que a nosotros nos parece atractiva y cool.

¿Y las plantas medicinales? ¿No será mejor un remedio natural que una pastilla confeccionada por una avariciosa empresa farmacéutica? En cuanto una hierba medicinal se cataloga oficialmente como beneficiosa para la salud, la industria farmacéutica no tardará en invertir miles de millones de euros en investigar fármacos nuevos basados en las moléculas de esa planta. ¿Por qué gastar tantos recursos en crear algo que ya existe y superar rigurosos ensayos clínicos?

Porque si quieres ganar dinero de verdad debes vender eficacia. Y las pastillas son más eficaces que las plantas. Si las plantas fueran tan o más eficaces, curaran más o con menos efectos secundarios, entonces las farmacéuticas cambiarían de negocio. O simplemente venderían esa planta usando toda su enorme infraestructura.

En otras palabras, para creer en la medicina natural habría que creer en una tecnocracia sanitaria tan poderosa y opuesta al naturismo como para obviar la motivación comercial. Bayer ha ganado millones de dólares vendiendo Aspirina, que es esencialmente corteza de sauce refinada. ¿Por qué no iban a querer ganar una cantidad de dinero similar vendiendo equinacea? Además, esto ofrecería a los consumidores cierta garantía en cuanto a la calidad del producto (aunque la equinacia constituye un 10 por ciento de las ventas de suplementos alimentarios, un análisis reciente descubrió que sólo un 52 por ciento de los productos etiquetados como equinacea contienen realmente las cantidades que aparecen en la etiqueta, y que un 10 por ciento no contienen dicha sustancia).

Bueno, siendo justos, ya hay empresas farmacéuticas que venden remedios anticuados y fraudulentos como la homeopatía. Los laboratorios Boiron tienen un negocio tan lucrativo que incluso llama la atención de las farmacéuticas que hasta ahora sólo comercializaban medicina alopática.

Para ello, se cuelan por determinadas fisuras que cada vez son más amplias a causa de la fascinación del consumidor lego por lo exótico y lo natural:

A la hora de la verdad, toda esta rebeldía contra la institución sanitaria occidental se ha convertido en un buen negocio para el sector privado. En Canadá, como en la mayoría de los países europeos, la sanidad es pública y está sujeta a un estricto control. Esto significa que los médicos y las compañías farmacéuticas tienen límites económicos legales. Como la atención médica primaria es pública, el gran negocio está en las terapias “complementarias”. Quien logre convencer al consumidor de que la red hospitalaria estatal es deficiente o, mejor aún, que no cubre sus necesidades individuales, podrá montar un buen negocio. Las grandes compañías norteamericanas ya lo han visto claro. Las grandes cadenas farmacéuticas ya han creado marcas propias de remedios naturales y homeopáticos.

Si queréis profundizar en las razones de que las medicinas tradicionales son un retraso respecto a las alópatas, o recomiendo leer el artículo ¿Por qué la medicina alternativa, la tradicional china y demás es cualitativamente inferior que la medicina convencional o alópata? (I), (II) y (y III)

Más información | La tabla rasa de Steven Pinker, Los productos naturales ¡vaya Timo!, Rebelarse vende de Joseph Heath

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