¿Hay alguna esperanza para la libertad?

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Tal y como dejó escrito Hippolyte Taine, un resumen de la naturaleza humana basado en las obras de Shakespeare definiría al hombre como una máquina nerviosa, gobernada por un capricho, dispuesta a las alucinaciones, transportada por pasiones sin freno, esencialmente no razonadora… y conducida al azar, por las circunstancias más determinadas y complejas, el dolor, el crimen, la locura y la muerte.

Sin embago, no hace falta fijarnos en todos los condicionantes biológicos, psicológicos, sociales, genéticos y demás que parecen encadenar nuestra libertad. Si afinamos nuestra vista y somos capaces de registrar al ser humano como una pequeña parte de un todo, a nivel físico tampoco hay muchas esperanzas para la libertad. O, al menos, el debate sigue ciertamente muy abierto.

Leyendo el prólogo del último libro del director del Centro de Neurociencia Cognitiva del Dartmouth College, Michael S. Gazzaniga, Michael S. Gazzaniga, ¿Quién manda aquí?, me he encontrado una estupenda síntesis de ese debate físico sobre el libre albedrío, que me gustaría hacer extensivo a vosotros (ahí abajo tenéis los comentarios para decir la vuestra o para aportar bibliografía al respecto).

Lo que señala es la pura evidencia: que vivimos en un mundo regido por leyes físicas, y nosotros formamos parte de ese mundo: en consecuencia, también estamos regidos por leyes físicas, por encima de las leyes genéticas, psicológicas, sociales y demás. Porque las leyes físicas también rigen nuestra conducta y nuestras decisiones, que solo son determinadas disposiciones de átomos.

Sin embargo, para evitar este determinismo tan cerrado, los físicos cuánticos han afirmado que existe cierta flexibilidad en cuando a la idea del determinismo. Existe incertidumbre en el nivel atómico y molecular, ahí está el Principio de Indeterminación de Heisenberg, así pues ¿existe margen para escoger hacer una cosa u otra? ¿Nuestro comportamiento no está completamente determinado por el instante del Big Bang, como si nuestras neuronas fueran bolas de billar y el Big Bang una gran tacada?

Esta tesis ha sido defendida, por ejemplo, por Roger Penrose en su libro La nueva mente del empeador. Penrose defiende que la conciencia humana es no-computacional, no se puede describrir como otros aspectos del ser humano. En otras palabras, un ordenador jamás podrá simular lo que hace un cerebro. Así, nuestros procesos mentales (muchos de ellos) proceden de la mecánica cuántica y no está sujeta a la física clásica (la computacional).Esto es posible porque a nivel de partículas dos alternativas pueden coexistir, una partícula puede estar en dos lugares a la vez. Su idea es que el cerebro se aprovecha de este proceso en las estructuras más pequeñas de las que está constituido dentro de las mismas neuronas.

Daniel Dennett en La evolución de la libertad también ataja este problema desde la vertiente más positiva, tal y como lo hace también Michael S. Gazzaniga.

Sin embargo, otros autores sostienen que las incertidumbres atómicas no son relevantes para el funcionamiento del sistema nervioso y el modo en que finalmente produce la mente humana.

Una comprensión más completa del cerebro humano nos permitirá descubrir si esto es así o no. Sin embargo, aún cabría resolver otro escollo: que la mecánica cuántica nos impida poder calcular la posición, velocidad y energía de todas las partículas que nos rodean (incluso las que nos constituyen) no significa que no exista determinismo: lo único que implica es que no se puede computar, que nunca podremos predecir el futuro. O que un sistema dentro del sistema no puede calcular ese sistema, lo cual nos obligaría a hacer nuestros cálculos desde, por ejemplo, otro universo.

Tal vez no haya una respuesta tajante al respecto, tal vez no haya determinismo sino una mezcla de determinismo e indeterminismo. En cualquier caso, mi opinión al respecto es pesimista: considero que somos sistemas deterministas y, por tanto, la vida es una mera ilusión. La materia forma un planeta y forma un cerebro, pero sólo el segundo cree que está vivo y que es un individuo. Así, no existiría la materia viva, existiría la materia a secas. La vida no es más que una propiedad de la materia. La vida no es más que un proceso. Si le preguntamos a una mitocondria si está viva nos dirá que sí, pero lo único que hace es realizar su trabajo bajo unos parámetros establecidos. Y todo lo que progresivamente se va descubrimiento sobre el funcionamiento del universo y de nosotros mismos nos hacen pensar que nosotros obramos del mismo modo.

Ante lo expuesto, ¿vosotros qué opináis?

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