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[Libros que nos inspiran] ‘El destino no está en escrito en los genes: un alegato contra el determinismo genético’ de Jörg Blech

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[Libros que nos inspiran] ‘El destino no está en escrito en los genes: un alegato contra el determinismo genético’ de Jörg Blech

Otro nuevo libro, el enésimo, que aborda la eterna cuestión Nature VS Nurture, si bien en esta ocasión se inclina muy favorablemente hacia el Nurture. Porque el biólogo alemán Jörg Blech lo tiene claro: vivimos una época de determinismo genético fácilmente impugnable. Y, para ello, ofrece quintales de experimentos y pruebas en su libro El destino no está escrito en los genes.

Por ello ha sido inspiración para artículos como Gattaca está más lejos de lo que creemos: el análisis del genoma no es tan fiable como una bola de cristal, Si tienes predisposición a la obesidad, múdate a un lugar con gente delgada o Los gatos estreñidos o el comienzo del ‘estrés’.

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Rudy Rucker: “El único modo de conocer con detalle el tiempo que puede hacer mañana consiste en esperar 24 horas y ver lo que ocurre realmente”

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Rudy Rucker: “El único modo de conocer con detalle el tiempo que puede hacer mañana consiste en esperar 24 horas y ver lo que ocurre realmente”

No es la primera vez que en Xataka Ciencia abordamos el tema del determinismo y de lo improbable que resulta que exista el libre albedrío, como en ¿Hay alguna esperanza para la libertad? o El hombre probablemente no es libre ni lo será nunca (I), (y II).

En el mundo físico, todo modelo que llevemos a cabo de la realidad será siempre de inferior escala, es decir, se revelará como inexacto. Y el menor error terminará por amplificarse. Es lo que sostiene de forma especialmente sintética y esclarecedora el matemático y precursor del Cyberpunk Rudy Rucker en el libro editado por John Brockman Este libro le hará más inteligente.

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¿Hay alguna esperanza para la libertad?

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¿Hay alguna esperanza para la libertad?

Tal y como dejó escrito Hippolyte Taine, un resumen de la naturaleza humana basado en las obras de Shakespeare definiría al hombre como una máquina nerviosa, gobernada por un capricho, dispuesta a las alucinaciones, transportada por pasiones sin freno, esencialmente no razonadora… y conducida al azar, por las circunstancias más determinadas y complejas, el dolor, el crimen, la locura y la muerte.

Sin embago, no hace falta fijarnos en todos los condicionantes biológicos, psicológicos, sociales, genéticos y demás que parecen encadenar nuestra libertad. Si afinamos nuestra vista y somos capaces de registrar al ser humano como una pequeña parte de un todo, a nivel físico tampoco hay muchas esperanzas para la libertad. O, al menos, el debate sigue ciertamente muy abierto.

Leyendo el prólogo del último libro del director del Centro de Neurociencia Cognitiva del Dartmouth College, Michael S. Gazzaniga, Michael S. Gazzaniga, ¿Quién manda aquí?, me he encontrado una estupenda síntesis de ese debate físico sobre el libre albedrío, que me gustaría hacer extensivo a vosotros (ahí abajo tenéis los comentarios para decir la vuestra o para aportar bibliografía al respecto).

Lo que señala es la pura evidencia: que vivimos en un mundo regido por leyes físicas, y nosotros formamos parte de ese mundo: en consecuencia, también estamos regidos por leyes físicas, por encima de las leyes genéticas, psicológicas, sociales y demás. Porque las leyes físicas también rigen nuestra conducta y nuestras decisiones, que solo son determinadas disposiciones de átomos.

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Mecánica cuántica en la vida cotidiana: la improbable libertad del ser humano

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Mecánica cuántica en la vida cotidiana: la improbable libertad del ser humano

Se tiende a pensar que las discrepancias entre la teoría cuántica y la clásica son muy insignificantes, pero de hecho subyacen también a muchos fenómenos físicos a escala ordinaria: la existencia misma de los cuerpos sólidos, la resistencia y propiedades físicas de los materiales, la naturaleza de la química, los colores de las substancias, los fenómenos de congelación y ebullición, la fiabilidad de la herencia; estas y muchas propiedades familiares requieren la teoría cuántica para su explicación.

Quizá el fenómeno de la conciencia sea también algo que no pueda entenderse en términos enteramente clásicos.

A la gente le gusta invocar la incertidumbre de la mecánica cuántica para deducir que el mundo no se puede predecir y que, por tanto, no es determinista; en suma, que somos entidades libres.

El principio de incertidumbre de Heisenberg, en efecto, dice que no posible medir (es decir amplificar hasta el nivel clásico) con precisión la posición y el momento de una partícula al mismo tiempo. Peor aún: existe un límite absoluto para el producto de estas precisiones.

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Dimensiones de Hofstade: cómo el país donde naces determina cómo eres (y III)

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Dimensiones de Hofstade: cómo el país donde naces determina cómo eres (y III)

Como dije en la entrega anterior de esta serie de artículos sobre cómo vivir en un país puede definirte como individuo, las dimensiones de Hofstade no son deterministas, sólo orientativas.

Pero lo que es innegable es que nuestra nacionalidad es un elemento muy importante a la hora de definirnos, aunque uno pueda pensar que de esa manera fomentamos los arquetipos o los prejuicios. Los arquetipos y los prejuicios son ideas que se forjan arbitrariamente, casi siempre de mala fe. Pero las dimensiones de Hofstade nacen de un estudio profundo despojado de ninguna idea preconcebida.

Aunque cada uno de nosotros tiene su propia personalidad, ésta se encuentra influida por tendencias, asunciones y reflejos que nos han llegado de la historia de la comunidad en la que crecimos. Como dice Malcom Gladwell:

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Dimensiones de Hofstade: cómo el país donde naces determina cómo eres (II)

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Dimensiones de Hofstade: cómo el país donde naces determina cómo eres (II)

2. Escala de individualismo versus colectivismo (IDV). Aquí se mide las culturas según la confianza que depositen en que el individuo cuide de sí mismo. El país que está en lo más alto de esta escala es Estados Unidos. No es de extrañar, pues, que Estados Unidos sea el único país industrializado del mundo que no proporciona a sus ciudadanos asistencia médica universal (como denunció Michael Moore en su documental Sicko).

En el extremo opuesto de la escala se encuentra Guatemala.

En las culturas colectivistas, las personas se definen y actúan principalmente como un miembro de un grupo a largo plazo, tales como la familia, un grupo religioso, un grupo de edad, un clan, un pueblo o una profesión, entre otros.

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El hombre probablemente no es libre ni lo será nunca (y II)

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El hombre probablemente no es libre ni lo será nunca (y II)

Pero volvamos a la física.

“La Teoría” infantil que esgrimíamos frente a profesores poco preparados era verdaderamente muy antigua y no del todo exacta. Es cierto que estamos hechos de los mismos elementos que cualquier objeto y que estamos sometidos también a las mismas interacciones elementales. En base a esto, el físico y matemático del siglo XIX Pierre Simon Laplace postuló que todo está determinado a nivel físico y, por tanto, toda libertad es ilusoria.

Sin embargo, este razonamiento no tiene en cuenta el descubrimiento unos años más tarde del matemático Henri Poincaré respecto al “problema de los tres cuerpos”. Si se produce la imbricación de varios determinismos, el resultado de su acción a largo plazo es imprevisible. Este resultado se ha extendido al conjunto de los fenómenos llamados “caóticos”, es decir, aquellos cuyo desarrollo depende estrechamente de las condiciones iniciales; como la precisión del conocimiento de estas condiciones de partida es limitada, la previsión a largo plazo tiene también un límite.

Esta constatación de la imprevisibilidad de los fenómenos del mundo real, sin embargo, no es suficiente para demostrar la posibilidad de la libertad humana. Pero sin duda hace indemostrable su imposibilidad.

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