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Pensar... ¡que aburrido!

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No me considero científico ni mucho menos escritor o pensador, de hecho, me sigo sientiendo igual de novato que aquel 2 de Enero de este mismo año, pero al ser mi post 400 y último de este 2011 quisiera escribirlo de forma especial.

Hace mucho tiempo, leyendo un artículo en la revista Muy Interesante, me puse a reflexionar sobre todo en general.

Para muchos, la Ciencia es el remedio de todos nuestros problemas. Mucha gente desconoce que es un modo de pensamiento y que forma parte de nuestra cultura.

El mundo en el que vivimos, tan avanzado tecnológicamente, obvia muchas partes de la cadena de producción. Miles de duendes y hadas se dedican, día tras día, a cargar mercancías en los camiones y barcos que, más tarde, nos las traen a las tiendas donde las compramos.

Un profesor de Física que tuve hace muchos años (bueno, sabio y muy querido) nos hablaba del Diablillo de Maxwell, que se encargaba de hacer esas cosas de la Física que sabemos que suceden pero no vemos, (sé que Maxwell lo usaba para explicar la 2ª Ley de la Termodinámica, pero mi profe pluriempleaba al pobre ser).

Pues bien, esto es algo parecido. Vemos los supermecados llenos, las luces se encienden al darle al interruptor, el frigorífico enfría y un largo etc; y realmente no necesitamos saber estas cosas, no necesitamos saber cómo se hace el pan para comérnoslo.

Lo bonito de la ciencia está en que nos marca el camino al pensamiento; a no dejarnos llevar por nuestras ideas preconcebidas más queridas; a poner a prueba hasta el mínimo detalle; a ser críticos, a dudar.

La duda metódica es la base de una mente lúdica. No valen las ideologías, ni las supersticiones; solo las ideas segregadas por el cerebro. Únicamente existe un legislador último y definitivo: la realidad.

Si nuestras ideas no se ajustan a la experiencia, por muy políticamente correctas que sean, debemos tirarlas a la basura. Aunque no es fácil vivir así.

Aristóteles es uno de mis filósofos preferidos, entre las muchas frases que tiene, una de ellas decía:

Las ciencias tienen las raíces amargas, pero muy dulces frutos

Y ese es el problema: el amargor nos hace tirar el palote.

Es mucho más apetecible ser borrego, seguir a un líder, no pensar. Pensar aburre y cansa, no nos engañemos. Enlazar un conjunto de pensamientos de forma lógica es una difícil tarea. Por esta razón el aprendizaje no es un paseo, ni siquiera algo divertido.

Así pues, amigos científicos (o estudiantes como yo), pensad en los frutos, esa es nuestra meta.

Tenemos la obligación de levantar este Mundo que, día a día, se nos cae encima.

¡Feliz 2012! ¡Fuera supersticiones!

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