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Se han alcanzado los 1.018 km/h en levitación magnética: nuevo récord mundial

Se han alcanzado los 1.018 km/h en levitación magnética: nuevo récord mundial
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Un nuevo prototipo de avión (cuya ocupación se limitará a una docena de pasajeros) diseñado por Charles Bombardier y que ha sido bautizado como Andipode, aspira a viajar a velocidad Mach 24 (24 veces la velocidad del sonido), lo que supondría viajar doce veces más rápido que a bordo del Concorde. Un poco más asequible y realista será el avión Skylon, una proyecto de Reaction Engines, que alcanzará cualquier lugar del mundo en 4 horas.

Todavía es ciencia ficción, pero cada vez estamos más encaminados a cubrir grandes distancias en menos tiempo, tanto por aire como por tierra. Y, por tierra, es precisamente donde se ha obtenido un nuevo récord de velocidad en levitación magnética: nada menos 1.018 kilómetros por hora (la barrera del sonido es de 1.235 km/h). Podéis verlo en acción en el vídeo que viene a continuación:

La «lanzadera», del Escuadrón de Pruebas 846 del ejército estadounidense, recorrió unos 700 metros del tramo de pruebas diseñado al efecto. Hasta ahora la tecnología de levitación magnética (MagLev) tenía su récord en un tren japonés que alcanza los 603 km/h. Estamos hablando de casi el doble.

¿Imposible imginar algo así para un viaje comercial? No vayamos tan deprisa: Hyperloop, el transporte futurista que planea construir Elon Musk planea alcanzar estas velocidades.

Para hacer las primeras pruebas, se construirá una pista de en el desierto de Nevada en la que se podrá evaluar los sistemas eléctricos y de aceleración. La pista es una recta de unos 800 metros de longitud que espera cubrirse pasando de 0 a 540 kilómetros por hora en solo 2 segundos.

El objetivo para finales de 2016 es disponer ya de un tubo completo de 3.200 metros en el que se acelerará una cápsula real hasta los 1.126 kilómetros por hora.

Quizá se nos antojan velocidades increíblemente ridículas, porque nadie necesita ir tan deprisa a un sitio lejano. Pero no debemos perder la perspectiva: precisamente esos argumentos son los que se esgrimían en los primeros años del tren.

En 1830, por ejemplo, publicaciones como Quartely Review advertían: «¡Qué puede ser más absurdo y ridículo que la perspectiva de que las locomotoras viajen dos veces más rápido que las diligencias!» En el mismo año, Dionysus Lardner, profesor de filosofía natural y astronomía del Colegio Universitario de Londres, escribió: «Viajar en ferrocarril a velocidad elevada no es posible porque los pasajeros, incapaces de respirar, morirían de asfixia».

El mundo que nos espera cuando podamos llegar en poco tiempo a cualquier sitio del planeta será diferente, tendrá otras necesidades, y al final, tal y como ahora ocurre con nuestro smartphone, de vez en cuando nos preguntaremos: ¿cómo he podido vivir sin esto hasta ahora?

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