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Las patentes son cada vez más caras porque cada vez hay más información

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A pesar de que medir el progrso científico es una ardua tarea, incluso mucho más que medir el progreso económico, un buen indicador es el número de patentes registradas. Particularmente si se compara con la inversión en I+D.

Si descubrimos que cada vez resulta más difícil obtener patentes y resulta más caro hacerlo, entonces, hemos de suponer que en el proceso (transformación información en conocimiento) es más gravoso por alguna razón.

Ruido y señal

La producción de patentes a nivel global es de siete millones cada año, y el mayor productor es China, con más de 700.000 patentes; Japón, por otro lado, es uno de los mayores productores de patentes por número de habitantes, y produce 2884 patentes por cada millón de habitantes.

Según el estadístico Nate Silver, autor del libro La señal y el ruido: Cómo navegar por la maraña de datos que nos inunda, localizar los que son relevantes y utilizarlos para elaborar predicciones infalibles, la razón de que las patentes sean cada vez más cara estriba en que confundimos cada vez más el ruido con la señal en la información que nos rodea, invirtiendo nuestro tiempo en seguir pistas falsas:

Durante la década de 1960, Estados Unidos gastó aproximadamente un millón y medio de dólares (dato ajustado a la inflación) por cada patente presentada por un inventor estadounidense. Sin embargo, lejos de descender, esa cifra no hizo más que crecer durante los albores de la era de la información, y en 1986 alcanzó un máximo de aproximadamente tres millones de dólares, el doble que veinticinco años antes.

La productividad de las investigaciones empezó a crecer de nuevo en la década de 1990, probablemente porque al final adoptamos una visión más realista de lo que la nueva tecnología podía hacer por nosotros.

Si bien nos metimos en varios callejones sin salida, progresivamente los ordenadores empezaron a facilitarnos la vida cotidiana y favorecer la economía.

Las historias sobre predicciones suelen ser historias de progresos a largo plazo, a los que se llega tras retrocesos a corto plazo. Muchas empresas que parecen predecibles a largo plazo frustan nuestros planes inmediatos.

El crecimiento exponencial de la información pues, no es una panacea: comporta sus propios problemas. Que el 90 por ciento de toda la información disponible en la actualidad se haya creado en los últimos años supone que debemos gestionar más información, y que las predicciones pueden acertar, pero la probabilidad de fallar también aumenta.

Antes de exigir más datos debemos exigirnos más a nosotros mismos.

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