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¿A qué cosas deberíamos tener realmente asco?

¿A qué cosas deberíamos tener realmente asco?
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A veces, a la hora de evaluar qué cosas repudiamos o hacia qué cosas sentimos asco, nuestro sentido común se equivoca. Por ejemplo, en un baño, el inodoro es uno de los lugares más higiénicos del cuarto. Sin embargo, el pomo de la puerta es un foco asombroso de gérmenes.

¿Para qué nos lavamos las manos si luego vamos a tocarlo? O peor: ¿para qué nos secamos las manos con el secador eléctrico si éste expulsa millones de bacterias cuando se enciende? No secarse las manos convenientemente también es peligroso: un 85 % de los microorganismos se trasmiten por las manos mojadas.

Tal y como señala Charles P. Gerba, de la Universidad de Arizona, uno de los mayores expertos en gérmenes del mundo que se dedicó a calcular el contenido bacteriano de diferentes habitaciones en diversas casas… el lugar más limpio de todos es el asiento del inodoro. La zona más sucia es el fregadero de la cocina, seguido muy de cerca por las superficies de la cocina. Pero el objeto más sucio es el trapo de la cocina.

Las cosas por las que debemos sentir verdadero asco, en ocasiones, no son evidentes. A continuación, una lista bastante obvia que seguramente ha pasado total o parcialmente desapercibida por muchos de nosotros.

El mando a distancia

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Si os hospedáis en un hotel, por ejemplo, a menudo echamos un vistazo a la limpieza del baño, de la moqueta, o incluso exploramos las sábanas de la cama en busca de manchas sospechosas. Sin embargo, a nadie parece dolerle prendas cuando se tumba alegremente en la cama, agarra el mando a distancia de la televisión y empieza a cambiar canales.

El mando a distancia es uno de los objetos que menos se higienizan de una habitación de hotel, la mayoría de huéspedes lo tocan (y puede que lo hagan tras haber visitado el baño sin haberse lavado las manos; o si lo hacen desde la cama, puede que esas manos hayan explorado, tocado o rascado partes pudendas antes de subir o bajar el volumen de la TV. No obstante, tocamos el mando, incluso el mando puede dormir con nosotros.

Teniendo en cuenta que el virólogo Nathan Wolfe señala que algunos virus resisten hasta 24 horas sobre nuestras manos, y por ello desaconseja que evitemos el saludo estrechando las manos, imaginad lo que supone usar un mando a distancia usado por cientos, miles de personas diferentes.

Enviando un whatsapp mientras comemos

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Se ha vuelto frecuente que, mientras desayunamos, almorzamos o cenamos, estemos trajinando con nuestro móvil o nuestro tablet, ya sea para consultar el twitter, enviar algún mensaje, chequear las noticias, etc. Sin embargo, estos dispositivos contienen bacterias y gérmenes en cantidades 30 veces superiores a las de un inodoro común.

De este modo, la nueva moda del turismo de desconexión digital puede resultar ciertamente higiénico en más de un sentido.

Un poquito de sal

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Al acudir a un restaurante, los más pudorosos (y hacen bien), se lavaban las manos antes de ponerse a comer. Sin embargo, de poco o nada sirve lavarse las manos enérgicamente con jabón si más tarde vamos a hojear el menú, tocamos el asiento para acercarnos más a la mesa o cogemos el salero, la salsa o la vinagrera para sazonar nuestra comida. Tales objetos son las cosas más contaminadas de bacterias del comedor de un restaurante.

Adiós a los pañuelos de tela

Que aún haya personas que usan pañuelos de tela no solo resulta anacrónico y hortera (sobre todo si tiene nuestras iniciales bordadas), sino que resulta profundamente anti-higiénico. Si estamos resfriados, por ejemplo, lo mejor es usar pañuelos de papel deseschables, y tras haberlos utilizado hay que tirarlos a la basura, no guardarlos ni reutilizarlos, porque allí se albergan virus y bacterias dispuestos a volver a entrar en nuestro tracto respiratorio.

¿Cacahuetes? No, gracias

Si os ofrecen cacahuetes u otros frutos secos en un bar, cuidado... recordad que mucha gente no se lava las manos tras ir al baño, cogerá esos frutos secos, y los que sobran probablemente serán reciclados para el próximo cliente. Sumándose manos tras manos. Por ello no son extraños los resultados de un un análisis llevado a cabo en el 2003 por el Evening Standard de Londres. En el 70% de los casos los cacahuetes contenía enterobacterias, que también se encuentran en las heces.

Me pica, pero no me soples

Si tienes una herida, y te pica, no dejes que tu madre te sople sobre ella para calmar el dolor. Porque nuestra boca es una caverna de microorganismos, y al soplar los disparamos como una ametralladora.

Naturalmente, tomad todas estas indicaciones de forma orientativa: tampoco hace falta que ahora os obsesionéis con la higiene, como si contemplaseis la realidad a través de un microscopio, y os cuidarais de manipular los objetos que os rodean en el interior de una vitrina típica de los laboratorios virológicos, con la puertezuela siempre sellada con cuatro tuercas de palomita. Introduciendo las manos en los gruesos guantes de caucho que traspasaban el receptáculo por la parte frontal.

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