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La retorcida historia de Sealand (II): algo huele a podrido en Sealand

La retorcida historia de Sealand (II): algo huele a podrido en Sealand
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Pero esta pequeña plataforma antiaérea construida sobre el banco de arena de Rouge Sands, a 10 kilómetros de la costa de Suffolk y 13 kilómetros de la costa de Essex, no iba a ser el remanso de paz que sus monarcas habían previsto.

El primer incidente ya se había registrado en su misma fundación, pues antes de que Bates se instalara en Roughs Tower, éste ya había sido reclamado por Jack Moore y su hija en nombre de Ronan O´Rahilly, líder del colectivo Radio Caroline. Cuando descubrieron que los Bates se habían establecido sin permiso en el fuerte, O´Rahilly envió un pequeño comando a recuperarlo. Roy Bates, desde el que ya consideraba su nuevo reino, se defendió del ataque con nada menos que cócteles Molotov y (según la versión de los partidarios de O´Rahilly) disparos de armas de fuego.

Las turbulencias de Sealand, lejos de apaciguarse, se avivaron un año después de la ocupación del fuerte por parte de los Bates, el 6 de mayo de 1968. Michael, el hijo de del rey, fue juzgado tras lanzar disparos de advertencia a un buque de la armada inglesa que intentaba acercarse a Sealand para reparar una boya. Sin duda, Michael se tomaba muy en serio su pequeño país y no quería permitir la invasión de ningún extranjero; de hecho, según su versión de los hechos, la intención de los visitantes no era la de arreglar ninguna boya sino desalojar a su familia del fuerte.

Y el mundo también empezó a tomárselo en serio, porque a raíz de la declaración de la Corte de Essex, que afirmaba que el incidente había ocurrido fuera de las aguas territoriales británicas y que, por tanto, no tenía jurisdicción sobre el caso, se estaba también reconociendo implícitamente que Sealand tenía estatus de nación. Para Roy Bates, pues, la resolución judicial era la primera prueba tangible de que su fantasía era realidad y de que tarde o temprano serían formalmente reconocidos a nivel internacional como país de pleno derecho.

Cuando la policía de Miami, tras una minuciosa investigación, interrogó a Reisnik, éste les mostró un pasaporte diplomático de un país que jamás habían oído. Sí, nada menos se presentó como diplomático del Principado de Sealand y, por tanto, reclamaba inmunidad diplomática. Pero ¿aquellos documentos eran una falsificación o había que actualizar los conocimientos de geografía? Pronto descubrieron que una cosa y también la otra, pues Sealand parecía funcionar de hecho como un país como otro cualquiera, pero también que corrían multitud de pasaportes falsos por el mercado negro de documentos, especialmente entre las mafias de los países del Este de Europa.

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