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La isla de las serpientes

La isla de las serpientes
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Hay lugares del mundo donde las serpientes son sagradas, incluso donde se celebran festivales en los que podréis haceros con un monedero o un llavero de serpiente de cascabel, al más puro estilo Cowboy.

Pero si lo que más os apetece es estar rodeados de serpientes venenosas totalmente libres, lejos de la cautividad de los zoológicos (y por tanto, cerca de tu propia muerte por envenenamiento), tu lugar es, sin lugar a dudas, Queimada Grande, un islote de cuarenta hectáreas a treinta kilómetros de la costa oriental de Brasil, frente a Sao Paulo.

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En esta isla solo encontraréis una especie de serpiente, la yarará dorada, pero su concentración es propia de un día de rebajas: entre uno y tres ejemplares por metro cuadrado, según algunas fuentes. Además, esta serpiente es una de las más venenosas del mundo.

Hasta el final de la última glaciación Queimada Grande estaba unida al continente americano a través de una lengua de tierra. La especie de serpiente jararaca que vivía allí, probablemente, era la misma que la del continente. Tal y como explica Isidoro Merino en su libro 1000 maneras estúpidas de morir por culpa de un animal:

A falta de pequeños mamíferos, se han especializado en cazar aves; como los pajarillos vuelan y pueden escaparse, su veneno es cinco veces más potente que el de sus primas continentales, las terciopelo (Bothrops asper, Bothrops atrox, Bothrops jararaca). En Queimada Grande también hay un faro abandonado del que se cuenta una historia espeluznante: una noche, varias yararás consiguieron entrar por una ventana rota y atacaron al farero, a su mujer y a sus tres hijos pequeños. Ellos, en un desesperado intento por huir, corrieron hasta su barca, amarrada al pie del faro, pero fueron mordidos por las serpientes que colgaban de las ramas de los árboles. Semanas después, los encontraron muertos a todos.

Afortunadamente, el lugar está vetado para los turistas.

Foto | Flickr

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