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Fertilizando el campo con caca humana gracias a Dillo Dirt

Fertilizando el campo con caca humana gracias a Dillo Dirt
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El tratamiento de los deshechos humanos siempre ha sido un problema grave en cualquier civilización. Entre las bacterias entéricas hay cepas potencialmente patógenas. Y, además, estar rodeado de excrementos humanos no es muy agradable. Así que los pueblos modernos han tenido que desarrollar métodos de alejar las heces y evitar que éstas se mezclaran con el agua potable.

Las modernas plantas de tratamiento, de hecho, sabedoras que las bacterias entéricas no suelen tener un crecimiento rápido fuera del cuerpo, inyectan aire en las aguas residuales para favorecer a los microbios que necesitan oxígeno, que no son las bacterias entéricas, para que combatan con estos y las eliminen.

Una forma de deshacerse de la caca humana también consiste en usarla como fertilizante, aunque para la mayoría de nosotros pueda resultar un método poco agradable.

En Bangalore, en India, que tiene casi nueve millones de habitantes, existen unos cambios llamados eufemísticamente “chupamieles” que vacían las fosas sépticas urbanas y transportan su contenido a las zonas agrícolas aledañas.

Tal y como explica Lewis Dartnell en su libro Abrir en caso de Apocalipsis:

Luego los desechos se tratan en charcas antes de esparcirlos por los campos. Incluso hay productos comercialmente disponibles que contienen aguas residuales humanas procesadas. Dillo Dirt, un fertilizante vendido por la administración municipal de Austin, Texas, emplea un proceso de compostaje para asegurar que los desechos se calientan de forma natural hasta alcanzar temperaturas de pasteurización a fin de eliminar los agentes patógenos.

Fertilizante de huesos

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La caca no es la única parte del cuerpo que puede fertilizar estupendamente el campo. La primera fábrica de fertilizante del mundo se creó en 1841 para combinar ácido sulfúrico de la planta de gas de Londres con harina de huesos de los mataderos de la ciudad y vender los gránulos resultantes a los agricultores.

Y es que, además de nitrógeno, las plantas necesitan fósforo y potasio.

Los huesos son muy ricos en fósforo (junto con los dientes, son los depósitos biológicos del mineral fosfato de calcio), y, en consecuencia, rociar harina de huesos, que no es otra cosa que esqueletos de animales hervidos y triturados, constituye también una buena forma de restaurar la tierra debilitada. Hacer reaccionar la harina de huesos con ácido sulfúrico logra que el fosfato resulte mucho más fácil de absorber por las plantas y, por lo tanto, produce un fertilizante mucho más eficaz.
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