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El invento 'typical spanish' del botijo

El invento 'typical spanish' del botijo
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A primera vista pudiera parecer que, en su concepción, el botijo no requirió de demasiada actividad raquídea. Que su peso específico en la historia de la innovación es el equivalente al de un vídeo de caídas en YouTube. Sin embargo, este invento de baja tecnología no fue desarrollado en muchos países del mundo. Jamás.

Sirva, pues, este modesto texto como reivindicación de este recipiente de barro poroso cocido, y como argumento para esgrimir frente a la cara de quienes opinen que en la piel de toro uno solo puede granjearse el aplauso si deja en la aduana todos los signos distintivos del talento y la originalidad.

La historia del botijo se remonta a las antiguas culturas mesopotámicas, donde se encontraron los primeros restos de recipientes con formas similares a los actuales. Los periodos de su máximo esplendor fueron la Edad del Bronce en el Mediterráneo y la Grecia helenística en donde se utilizó como artículo ornamental. Y ya hace unos 3.500 años que en tierras celtíberas se usaba el botijo para conservar el agua fresca, tal y como sugiere un ejemplar encontrado en el yacimiento de Puntarrón Chico, en Murcia.

Los calores murcianos, y en general del sur del país, propiciaron una serie de pruebas y errores a la hora de guardar el agua y evitar que ésta acabara semejando un jacuzzi. Así que, entre gota de sudor y gota de sudor, finalmente se percataron las gentes que los hoy llamados botijos mantenían el agua fresca incluso bajo el sol más inclemente.

Botijo La Siesta Culdesac

El secreto parecía residir en el hecho de que el el recipiente no es hermético, y que “suda” el agua de su interior, lo que provoca un fenómeno de evaporación que reduce la temperatura del interior (justo por la misma razón que todos nosotros sudamos), junto a un proceso de “ventilación” a través de los poros (como si fueran pequeñas bocas de perros jadeantes: por eso los perros se ventilan así y no necesitan sudar).

Al ser seco el aire que rodea al botijo, aquél elimina el “sudor” de éste, el agua aún se enfriará más, alcanzando hasta más de diez grados centígrados menos que la temperatura ambiente. La explicación científica a este proceso, de hecho, no fue publicada satisfactoriamente hasta 1995, por parte de un artículo de dos investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid publicado en la revista Chemical Engineering Education.

Como la explicación del funcionamiento del botijo es tan contraintuitiva, en muchos países no han sabido disfrutar de sus propiedades, como muestra un estudio en forma de mapa publicado en Journal of Maps por parte de Jorge del Río y Andrés Martínez de Azagra Paredes, de la Universidad de Valladolid. Tal y como lo explica Alejandro Polanco Masa en su libro Made in Spain:

La propuesta cartográfica combina cuatro variables: la depresión del punto de rocío, la temperatura, el acceso al agua potable y la presencia de materias primas adecuadas para fabricar botijos. La sorpresa llega cuando se comprueba en el mapa que el botijo español puede, literalmente, conquistar el mundo y llevar sus ventajas a grandes espacios que todavía desconocen su uso.
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