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El divulgador científico que cautivó a la audiencia enseñando su erección

El divulgador científico que cautivó a la audiencia enseñando su erección
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En tiempos en los que el déficit de atención parece generalizado y todo lo que requiera más de quince minutos de atención sostenida semeja una tortura china, los divulgadores de ciencia tienen que hacer verdaderos malabares (literalmente) para llamar la atención de la audiencia. Sobre todo en conferencias, el lugar idóneo para echar una siesta.

Sabedor de ello, el investigador Giles Brindley, allá por el año 1983, enseñó su pene en mitad de una conferencia acerca de la disfunción eréctil que impartía en el ámbito de la Sociedad Americana de Urología que se celebraba en Las Vegas.

Su conferencia abordaba el tema de que determinadas sustancias vasodilatadoras, al inyectarse en el pene, estimulaban la irrigación sanguínea y, con ello, una duradera erección en pocos segundos. Ante las críticas que ya había recibido y que sus fotos de penes erectos quizá eran un engaño, Brindley se bajó los pantalones y mostró que, bajo sus calzoncillos, se adivinaba una esplendorosa erección.

Brindley adujo que impartir una conferencia no era motivo de excitación sexual, sobre todo porque hablar delante de mucha gente suele producir temor, pero que él tenía esa erección inquebrantable porque minutos antes se había inyectado papaverina en el miembro. La prueba palpable de que su tesis era cierta.

Algunos asistentes aseguran que también se bajó los calzoncillos y paseó por las primeras filas para que el público comprobara con su mano cuán duro estaba su miembro. La gente parece que se escandalizó de tal modo que Brindley depuso su actitud. Uno de los asistentes, que jamás olvidaría dicha charla, narró los detalles en extensión en: Cómo (no) comunicar la información científica novedosa: memorias de la famosa conferencia de Brindley.

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Finalmente, estas inyecciones se convirtieron en el primer tratamiento farmacológico para combatir la disfunción eréctil. Y aún se usan cuando Viagra, por ejemplo, resulta ineficaz. También se usó para medir por primera vez cuál era la media de longitud de los penes en erección de un gran grupo de personas, en una fecha inquietantemente reciente (parece que medir penes en erección no solo era dificíl sino embarazoso), como podéis leer más ampliamente aquí.

Podéis leer más sobre la charla de Brinley en el libro de José Ramón Alonso El hombre que hablaba con los delfines y otras historias de la neurociencia:

Brindley, además de un excelente atleta y un meritorio músico y compositor, disfrutaba de buena reputación como científico. Diseñó las primeras prótesis para la visión en los sesenta. Un prototipo fue probado en cuatro personas ciegas y les proporcionó algunas sensaciones visuales básicas, pero debido a la limitada tecnología de miniaturización de la época, muy alejada de nuestros circuitos impresos, el invento era demasiado grande, poco práctico y no tuvo un mayor desarrollo. También diseñó y fabricó aparatos estimuladores de los nervios de la región del sacro para conseguir recuperar el control de la vejiga urinaria en pacientes parapléjicos e incluso inventó un nuevo tipo de instrumento musical, el «fagot lógico», un aparato sonoro controlado por ordenador.

Imágenes | Pixabay

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