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Viva la serendipia (VIII): orina artificial y la bicicleta mágica del reino de Oz

Viva la serendipia (VIII): orina artificial y la bicicleta mágica del reino de Oz
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ORINA ARTIFICIAL

¿Sabéis cuál fue la primera sustancia natural que se logró sintetizar? Fue la urea, el principal producto terminal del metabolismo de proteínas en el hombre y en los demás mamíferos. Y, por supuesto, surgió por pura casualidad.

En su laboratorio en Berlín, en 1828, el químico alemán Friederich Wöhler pretendía sintetizar cianato de amonio puro a partir de dos sales inorgánicas, el sulfato amónico y el cianato potásico.

Al evaporar la solución, sin embargo, aparecieron unos cristales blancos idénticos a la urea que en tantas ocasiones había aislado de la orina humana y canina.

El 90% de la urea producida se emplea como fertilizante. Se aplica al suelo y provee de nitrógeno a la planta. También se encuentra presente en adhesivos, plásticos, resinas, tintas, productos farmacéuticos y acabados para productos textiles, papel y metales.

LA BICICLETAGICA DEL REINO DE OZ

Así le debió parecer su bicicleta a Albert Hofmann aquella tarde que regresaba a su casa, como un aparato para volar hacia un mundo de fantasía multicolor.

Este químico suizo estaba estudiando en su laboratorio una sustancia producida por un hongo llamado cornezuelo del centeno, y otros compuestos relacionados con él, con la intención de encontrar un fármaco contra la migraña.

Una tarde cualquiera, al salir del laboratorio, siguiendo el acostumbrado camino que atravesaba los bosques, empezó a experimentar sensaciones extrañas, y a su alrededor los colores y las formas parecían oleaginosos, como si estuviera bajo el mar. Al llegar a casa, pensó que debía descansar y se acostó en la cama. Pero entonces empezó a sufrir toda clase de alucinaciones extrañas.

Cuando regresó al laboratorio, llegó a la conclusión que mientras sintetizaba aquellas sustancias había absorbido a través de la piel una pequeña cantidad de LSD 25, un compuesto que había sintetizado al acoplar dietilamida al ácido lisergénico, la sustancia producida por el hongo llamado cornezuelo del centeno.

Para confirmar sus sospechas, Hofmann tomó oralmente la que supuso una dosis mínima, pues ignoraba que era mil veces más potente que el mescal. Es decir, que ingirió una cantidad varias veces mayor que la máxima.

Al poco tiempo, empezó a experimentar intensas sensaciones de inquietud y desesperación, pérdida del sentido del tiempo y otras alteraciones que le hicieron creer que había aterrizado en el reino de Oz.

Hofmann había inventado el LSD. Y con él, incentivó y supervitaminó el movimiento contracultural americano.

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