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Viva la serendipia (II): Guerra de cacas y la batería rana

Viva la serendipia (II): Guerra de cacas y la batería rana
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GUERRA DE CACAS

La manera más divertida y extraña de encontrar un fósil probablemente fue ésta. Un tarde de 1976, un grupo de paleontólogos pasaba el rato jugando al típico juego al que todos nos entregaríamos sin dudarlo… eh…. lanzarse boñigas de elefante unos a otros.

Entre tanto lanzamiento apestoso, entre risas y chirigotas paleontológicas, hallaron por casualidad unas huellas. Las huellas fósiles de Laetoli, hechas por unos homínidos hace 3,7 millones de años. Líneas de huellas de homínidos, descubiertas en 1976-1977 por Mary Leakey, Richard Hay y su equipo, preservadas en ceniza de una erupción del volcán Sadiman.

La importancia de estas huellas es que demuestran que esos homínidos caminaban erectos habitualmente. Los pies no tienen el dedo gordo móvil como los simios, en cambio tienen un arco típico de los humanos modernos.

LA BATERÍA RANA

La primera batería fue construida por el italiano Alessandro Volta, la cual describe en una carta remitida a la Royal Society de Londres, en 1800. La batería usaba células compuestas por dos metales diferentes (como el cobre y el cinc), separados por discos de carbón impregnados en una solución salina y conectados en serie.

Pero ¿de dónde surgió la idea de Volta? De una rana. O más concretamente, de la mala deducción de un compatriota de Volta que experimentaba con ranas.

Este compatriota era el fisiólogo Luigi Galvani, que en 1786 observó que un anca de rana amputada se contraía como si estuviera viva cuando se la situaba sobre una mesa cerca de un generador electroestático.

Galvani no sabía lo que estaba viendo, y lo interpretó mal. Incluso colgó la pata de otro batracio en una barandilla de hierro por un gancho de latón y notó que la parte inferior de la extremidad se contraía cuando tocaba la parte inferior de la barandilla.

Galvani no sabía lo que era la electricidad, de modo que pensó que las contracciones musculares de la rana se debían a algún fenómeno producido por la propia rana. Si no llega a ser Volta, quizá hoy en día estaríamos metiendo un par de ranas en el mando a distancia del televisor.

Más tarde, el sobrino de Galvani, el profesor Aldini, quedó tan fascinado con las propiedades de la electricidad que creyó que eran las que originaban la vida. Por esa razón, el 17 de enero de 1803, conecto los hilos de una pila de 120 placas de zinc y otras tantas de cobre a la boca y el oído de Thomas Foster, un asesino recién ahorcado. Según los presentes en el experimento, el rostro de Foster empezó a hacer todo tipo de gesticulaciones, la mandíbula se movió temblorosa y finalmente guiñó el ojo izquierdo.

Como un Jim Carrey zombi.

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