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El verdadero Cyrano era amante de hombres y obseso del espacio exterior

El verdadero Cyrano era amante de hombres y obseso del espacio exterior
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Todos tenemos en mente a un hombre de nariz tan afilada como su lengua capaz de seducir a cualquier mujer con su verborrea cuando pensamos en Cyrano de Bergerac.

Pero este poeta, dramaturgo y pensador francés, coetáneo de Boileau y de Molière, en realidad era un amante de hombres y le obsesionaba la espacio exterior. Eso sí, tenía una gran nariz.

Ateísmo y materialismo

Antes de que Cyrano se convirtiera en un personaje de ficción por parte de Edmond Rostand, el Cyrano real fue autor de una obra que narraba un viaje a la luna: El otro mundo o los Estados e imperios de la luna (1657).

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Cyrano era un personaje singular en su época: era ateo y materialista. Y empleaba la estrategia del viaje espacial para criticar todo aquello que no le gustaba del mundo real, como buen autor de ciencia ficción.

Toda su obra, de hecho, no fue publicada sin censura hasta 1921. Al menos, su libro sobre la luna una apareció en al menos diecinueve ediciones en francés y dos en inglés antes del fin de siglo.

El protagonista, como si de Ícaro se tratara, inventa un artefacto para poder volar. Tras algún desacierto que le lleva al suelo, consigue por casualidad elevarse y llegar a «otro mundo».

Además de expandir nuestro alcance de visión, el telescopio y el microscopio hicieron más fácil reconocer las limitaciones de nuestro aparato sensorial cuando se ve privado de ayudas artificiales. Uno de los fragmentos más interesantes es el siguiente:

Hay un millón de cosas, quizá, en el universo, que requerirían que tuvierais un millón de órganos diferentes, para comprenderlas. Por ejemplo, por mis sentidos yo conozco la causa de la simpatía, que se halla entre la calamita y el polo, del fluho del mar, y qué le ocurre al animal después de la muerte; vosotros no podéis alcanzar estos conceptos elevados como no sea por la fe, porque son secretos por encima del poder de vuestro intelecto; de la misma forma que un ciego no puede juzgar la belleza de un paisaje, los colores de un cuadro o los tonos de un arco iris.

El cráter lunar Cyrano lleva este nombre como un homenaje por parte de la Unión Astronómica Internacional a las andanzas literarias por el satélite del personaje.

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