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¿Te comerías un pollo que no siente dolor? ¿Y un cerdo que desea ser comido?

¿Te comerías un pollo que no siente dolor? ¿Y un cerdo que desea ser comido?
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Una de las razones morales por las que muchas personas rechazan comer carne es que los animales sufren. Por ello, resulta un dilema moral muy interesante (sobre todo porque podría producirse dentro de poco) el preguntarse si entonces muchas de esas personas optaría por comer carne que "desea ser comida" o "siente placer en vez de dolor".

Es lo que plantea, por ejemplo, el filósofo Julian Baggini en su libro titulado, precisamente, El cerdo que quería ser jamón.

El pollo con conciencia de zanahoria

Si gracias a la ingeniería genética logramos concebir pollos con el mismo nivel de conciencia que una zanahoria, ¿habría algo moralmente cesnurable a la hora de comérselas? ¿Qué habría de malo de privar a esos pollos de una existencia de la que nunca han sido conscientes?

También cabría la posibilidad de convertir el dolor de un cerdo en un matadero en simple placer. ¿Nos podríamos comer una criatura así? ¿Y si el cerdo deseara formar parte de un banquete de salchichas, jamón o bacon crujiente? ¿Le podríamos negar tal deseo, tal aspiración, tal placer orgásmico... máxime si nosotros también lo sentimos comiendonos su carne en un claro win-win?

El escritor de ciencia ficción satírica Douglas Adams imaginó algo así en El restaurante del fin del mundo, donde su protagonista, Arthur Dent, se sentía horrorizado ante la perspectiva de poderse comer una cerda llamada Priscilla con la que había confraternizado la semana anterior. La cerda, de hecho, era inteligente y podía hablar. Pero también quería, necesitaba ser comida. Dent no quiere, pero Zaphod Beeblebrox le objeta que ¿no será con toda seguridad "mejor que comerse un animal que no quiere que se lo coman".

También podríamos replicar que estamos violando el orden natural de las cosas. O que simplemente sentimos asco moral. No obstante, a lo primero podemos afirmar que la propia agricultura también trastoca el orden natural, porque se seleccionan y producen variedades para que crezcan de forma masiva, atentando además contra el medioambiente. A lo segundo que, en sus inicios, también la mayoría de nosotros sentíamos asco moral por los trasplantes o las transfusiones, pero ya no es así: podemos educar nuestro asco.

¿Vosotros qué opináis? ¿Cómo abordaríais este dilema? ¿Sería el fin de vegetarianismo? Abundo un poco en este dilema (comiendo carne) en el siguiente vídeo:

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