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¿Qué deberíamos comprar para ser más felices?

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Todos tenemos un día tonto. Y ese día pensamos, va, me merezco un homenaje. Ese homenaje suele traducirse de diversas formas. Una cena especial. Un capricho gastronómico lleno de calorías. Una bañera llena de espuma. Onanismo. Esa clase de cosas.

Pero cada vez es más frecuente que el homenaje se traduzca en la compra de objetos: plantarnos en cualquier centro comercial hasta que salga humo de nuestra tarjeta de crédito.

Así que, una vez entrados en materia, ¿qué clase de cosas deberíamos adquirir para animarnos de verdad? ¿Tecnología? ¿Ropa? ¿Películas? Si lo que buscamos es, además de un chute de alegría, una sensación duradera de felicidad, entonces ninguno de esos objetos lo conseguirá, según resultados de investigaciones recientes.

El trabajo realizado por los psicólogos Leaf Van Boven y Thomas Gilovich examina si, para comprar la felicidad, es mejor gastar el dinero en productos (un vestido de última moda o un impresionante teléfono inteligente) o en experiencias (salir a comer, comprar una entrada para un concierto, reservar unas vacaciones.

En uno de tantos experimentos realizados al respecto, los investigadores dividieron a una serie de participantes en dos grupos. A los del primer grupo se les pidió que pensaran en un objeto que hubieran adquirido recientemente. A los del segundo grupo, que describieran una experiencia que hubieran comprado.

Después se les solicitó que puntuaran su estado de ánimo actual en dos escalas, una de -4 (malo) a +4 (bueno) y otra de -4 (triste) a +4 (contento). Los resultados de ambos estudios indicaban claramente que, en términos de felicidad a corto y a largo plazo, comprar experiencias hacía a la gente más feliz que comprar productos.

La razón de que las experiencias nos proporcionen más felicidad es porque nuestra memoria se distorsiona fácilmente con el tiempo. Por ejemplo, si viajamos a Asia, borraremos fácilmente lo aburrido del largo trayecto y recordaremos más la visita a aquel templo que parecía recién salido de Dragon Ball.

Sin embargo, los productos tienden a perder su atractivo al convertirse en artículos viejos, usados y pasados de moda. Además, las experiencias promueven uno de los comportamientos más eficaces para generar felicidad: pasar tiempo con otras personas. La sociabilidad puede formar parte de la experiencia en sí, o quizá se produzca al contar después a otros el acontecimiento. Por el contrario, comprar el producto más nuevo o caro a veces logra aislarnos de los amigos y la familia, que pueden sentir celos de las cosas que tenemos.

O sea, que si hoy os habéis levantado con el pie izquierdo, daos un homenaje en forma de experiencia. ¿Qué tal ir a cenar con alguien a un restaurante japonés?

Vía | 59 segundos de Richard Wiseman

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