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¿Por qué los estadounidenses se casan con colombianas?

¿Por qué los estadounidenses se casan con colombianas?
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Uno de mis personajes preferidos de la serie Modern Family, después de la pareja de gays, es Gloria, la despampanante inmigrante latinoamericana que se ha ligado a un padre de familia divorciado. Modern Family, como bien indica su título, exhibe algunas de las nuevas unidades familiares que han cristalizado en la sociedad, que cada vez parecen distar más de las tradicionales.

Sin embargo, en el caso de Gloria, parece que hay un fuerte incentivo para que se produzcan esta clase de uniones entre estadounidenses y latinoamericanos, particularmente entre estadounidenses y colombianas.

Al parecer, lo que atrae a los estadounidenses de las colombianas es que no se comportan como mujeres estadounidenses: es decir, todavía no se han liberado completamente. Y muchos hombres aspiran a tener esposas a la antigua usanza.

Hasta el punto de que webs como BarranquillasBest.com, que ofrece mujeres colombianas, también proporciona consejos sobre cómo evitar que una mujer extranjera se americanice: “Permita que mantenga un contacto constante con su familia de Colombia. Son importantes las tarjetas telefónicas y dos viajes a su país al año.” Tal y como señala Eduardo Porter en su libro Todo tiene un precio:

Sam ofrecía una estancia de dos días en Barranquilla por 895 dólares, que incluía tarifas aéreas, hotel y fiestas en las que un grupo de 17 americanos serían presentados a 750 jóvenes colombianas. “Los tipos se creen que han muerto y se han ido al cielo”, me dijo. El propio Sam se casó en segundas nupcias con una colombiana tras divorciarse en Estados Unidos. En 2008 más de 42.000 mujeres extranjeras fueron introducidas en Estados Unidos por ciudadanos americanos con visados temporales como prometidas o esposas. (…) El hombre ofrecía permiso de residencia y una vida relativamente próspera, y la mujer ofrecía juventud, belleza y sumisión.

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Mujer de la etnia wayúu, el grupo indígena más numeroso
Sin embargo, la liberación de la mujer y su equiparación en derechos y opciones profesionales con el hombre es un fenómeno que también se extiende hacia las culturas más tradicionales. De modo que los hombres deberán aceptar esta nueva situación sin parapetarse en la nostalgia. No hace muchos años, la policía solía quedarse al margen de las discusiones conyugales. Las leyes sobre el divorcio eran asimétricas. Un hombre podía alegar provocación justificada si mataba a su esposa adúltera o al amante.

Afortunadamente, las cosas han cambiado, y también están cambiando en países más atrasados en el ámbito de la liberación femenina. Mezclar violencia de género y representatividad laboral de la mujer no es baladí: existe tal correlación en los países analizados por el psicólogo John Archer. Archer advirtió que los países donde realmente es menos probable que se encuentren en el extremo receptor del abuso conyugal es donde las mujeres están mejor representadas en el gobierno y en el mundo profesional, y donde obtienen una porción mayor de los ingresos.

En países donde predomina una cultura más tradicional, como Colombia, las mujeres acostumbra a aceptar como normales ciertos abusos por parte de los hombres. De hecho, un estudio sobre la tolerancia social e institucional de la violencia de género en Colombia, publicado en 2010 y realizado por organizaciones como la ONU, aseguraba que en casos de denuncia por maltrato, el 94% de los funcionarios de la Fiscalía busca que las partes concilien. Por otra parte, el 74 % de las mujeres colombianas que sufrieron abusos sexuales entre 2010 y 2011 eran menores de 19 años. Paralelamente, la ONG Plan Internacional ha alertado de que más de 104 millones de niñas en América Latina sufren discriminación por género, que afecta a su acceso a la educación y, en consecuencia, a su desarrollo social.

Foto | ABC | Jenni Contreras

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