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¿Por qué grafología es un fraude y qué otra alternativa hay para saber algo sobre el autor de un texto? (y II)

¿Por qué grafología es un fraude y qué otra alternativa hay para saber algo sobre el autor de un texto? (y II)
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Como es señalaba en la anterior entrega de este artículo, la grafología es un fraude manifiesto que saca partido de las mismas debilidades psicológicas que se ponen de manifiesto en los creyentes de la astrología y otras mancias.

Sin embargo, hay técnicas científicas que sí sirven para averiguar mucho más de lo que creemos sobre una persona sencillamente analizando su forma de escribir. En esta ocasión, no la forma de sus palabras, sino cómo usa las palabras y cómo construye las oraciones.

Todo comenzó con el florecimiento de la Lingüística Forense a finales del siglo veinte. En un principio, esta disciplina de nuevo cuño se centraba en la investigación y estudio en ámbitos como el del análisis de la imitación en la firma y en la producción de textos con finalidades criminales. Ya sabéis, determinar la autoría, por ejemplo, de una amenaza manuscrita, de un anónimo.

También analizaba las evidencias fonológicas, morfológicas, sintácticas, discursivas y terminológicas para identificar hablantes de una variedad lingüística determinada, estilo o registro. También, esclarecían la comprensión lectora de documentos legales.

Con la sofisticación de la técnica, la lingüística forense ya es capaz de determinar plagios en textos orales y escritos y en traducciones. Para este último ámbito, los peritos en lingüística forense se ayudan de programas informáticos capaces de detectar plagios como el del célebre premio Nobel Camilo José Cela, determinado por el Laboratorio de Lingüística Forense (ForensicLab), en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona), o el de la presentadora Ana Rosa Quintana, que calcó ochenta páginas de párrafos enteros de dos novelas preexistentes.

Estos programas son capaces de resolver casos como el de un extorsionador de Teruel, cuyas marcas de idiolecto le delataron frente al ojo escrutador del software: tenía el extorsionador un uso redundante del pronombre en primera persona y el relativo compuesto, cuando en los corpus del español es más habitual en la ratio el relativo simple: como el acusado había vivido en Cataluña, se había contaminado en la frecuencia de uso del relativo compuesto. Intentó el extorsionador cuestionar el dictamen del omnisciente de aquel programa, pero las evidencias eran abrumadoras y así lo entendió también el magistrado en una sentencia que sentó jurisprudencia.

Pero ¿qué es el idiolecto? Básicamente es la forma de hablar característica de cada persona (cuando la expresión es por escrito se denomina estilo). Se manifiesta en una selección particular del léxico, de la gramática y también en palabras, frases y giros peculiares, así como en variantes de la entonación y la pronunciación. Esta palabra se creó por analogía con dialecto. El idiolecto es, con todas las reservas, algo así como el ADN de nuestra mente, o de nuestra manera de expresarnos.

El lingüista Tim Grant y el forense Kim Brake, de la Universidad de Leicester, pusieron en marcha hace unos tres años el primer estudio forense centrado en los mensajes SMS:

Teniendo en cuenta que éstos son una forma de comunicación nueva y, a la vez, un modo especialmente informal de usar el lenguaje, no se espera que quien los escriba siga las convecciones lingüísticas. Esta libertad da lugar a diferencias significativas en el estilo que pueden emplearse para identificar a su autor.

Estas técnicas no servirán para averiguar qué personalidad tiene un individuo según la forma de las letras de su escritura, como pretende la pseudociencia de la grafología, pero indudablemente ofrece valiosa información sobre el sustrato social y cultural del autor de un texto; una información mucho más práctica para detectar plagios, amenazas o autorías.

Vía | 59 segundos de Richard Wiseman / Cerebros no lavados / El Mundo / Muy Interesante

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