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No alimentéis al 'troll'... aunque, por el bien de la humanidad, quizá habría que hacerlo

No alimentéis al 'troll'... aunque, por el bien de la humanidad, quizá habría que hacerlo
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Psicólogos de la universidades canadienses de Manitoba, Winnipeg y British Columbia ha publicado recientemente un estudio acerca de la psicología de los trolls de Internet, los internautas que publican mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema en una comunidad en línea, como un foro de discusión, sala de chat o blog, con la principal intención de molestar o provocar una respuesta emocional en los usuarios y lectores. Y, según tal estudio, los trolls podrían estar desahogándose por Internet, y no alimentarlo (es decir, no darle coba), no provocaría el grado de satisfacción pretendido, lo que propiaciaría que el troll tratara de saciarse en el mundo real.

Y es que los rasgos de personalidad que se detectan tras haber estudiado a un grupo de trolls son: maquiavélicos, con rasgos de personalidad narcisistas (sólo piensan en sí mismos), con patrones de comportamiento propios de psicópatas (“falta de remordimientos o empatía”) y sádicos (“disfrutan con el sufrimiento de los demás”).

Para llevar a cabo la investigación, primero se localizó a un grupo de trolls. Para ello se hizo un escaneo sobre una gran muestra de internautas a través de una batería de tests, encontrando que el 5,6% de los sujetos estudiados parecía disfrutar trolleando a los demás.

Por supuesto, no son datos estadísticamente muy útiles porque la muestra es reducida, y además probablemente no tiene en cuenta muchas variables (por ejemplo, hay un sesgo a la hora de analizar solo a los trolls que admiten ser trolls y asumen pasar un test). Con todo, los datos reflejan una visión diametralmente opuesta a la habitual: el célebre consejo "don´t feed the troll", no alimentes al troll, se situtiye por un "quizá es mejor hacerlo".

La mayoría de sádicos se conforma con fantasear con la crueldad, disfrutándola en la distancia y sin correr el riesgo de ser castigado, por eso Internet es un lugar tan propicio para los trolls. La investigadora líder del estudio, Erin Buckel, lo explica así:

Desde nuestra perspectiva, trollear es otra manera de satisfacer este apetito sin el riesgo de los castigos de la vida real. Se encuentra en algún punto intermedio entre las formas directas e indirectas de sadismo porque inflige el daño directamente, pero desde la distancia (...) Es posible que trollear sacie el apetito del sádico. Si esto es así, en efecto, creo que deberíamos dejar que trolleen online porque las alternativas podrían ser mucho peores.

Desinhibición online

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Algunos sitios, como Microsiervos, directamente han optado por desactivar los comentarios. En lo posible, aquí intentamos no entrar al trapo o sencillamente aceptar las críticas, aunque éstas estén dirigidas con malaeducación, mala baba o afán destructivo. Sin embargo, ninguna de estas estrategias pueden acabar con los trolls: éstos seguirán haciendo su trabajo, ya sea aquí o en otro lugar, y lo harán inasequbles al desaliento.

Los trolls existen, en parte, gracias al fenómeno que los psicólogos describen como "desinhibición online”. Este efecto es semejante al que se produce en las grandes aglomeraciones de gente, en las manifestaciones o en las turbas: la individualidad se diluye, aparece el anonimato… y las restricciones normales de la vida quedan atrás. En Internet todos somos nombres en una pantalla: no hay verdadera interacción, no hay miradas, ni gestos, ni inflexiones de voz. En este contexto, pues, hay muy pocos incentivos para adoptar las normas sociales habituales. (Con todo, la caballerosidad y el rigor de la mayoría de comentaristas de Xataka Ciencia, hay de decirlo, supera a la media de otros blogs).

Y ahora os cedo a vosotros el testigo para que comentéis lo que estiméis oportuno aquí abajo. También tenéis la opción de trollear, pero recordad lo que dijo el filósofo Arthur Schopenhauer:

Quien insulta pone de manifiesto que no tiene nada sustancial que oponerle al otro; ya que de lo contrario lo invocaría como premisas y dejaría que el auditorio extrajera su propia conclusión; en lugar de ello, proporciona la conclusión y queda debiendo las premisas.

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