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Lo limitado de nuestra atención: ni siquiera somos capaces de ver un gorila

Lo limitado de nuestra atención: ni siquiera somos capaces de ver un gorila
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Nuestro grado de atención es tan bajo y puede ser tan influido que ni siquiera veríamos un gorila aunque nos pasara por delante de las narices, tal y como se demostró en un famoso experimento psicológico realizado por Daniel J. Simons y Christopher F. Chabris, de la Universidad de Illinois.

En él, un grupo de investigadores hizo visionar un video a los sujetos. En el video se mostraba a un corro de personas pasándose un balón de baloncesto. La mitad de las personas llevaba camiseta blanca y la otra mitad llevaba camiseta negra. Los sujetos debían entonces contar el número de pases que se producía.

Reparar en algo depende no sólo de lo visible que sea ese algo sino de si lo buscamos o no y de cuánta capacidad libre tenemos para procesarlo. Los sujetos estaban tan concentrados en contar pases que no vieron a una persona disfrazada de gorila que atravesaba por el centro del círculo de jugadores de baloncesto.

El simio peludo aparecía visiblemente cruzando la pantalla durante cinco segundos. Sorprendentemente, el 56 % de las personas no advirtió al gorila pasando por medio de la acción. (Para ver el vídeo a continuación) En otro vídeo, el gorila se detiene, mira a la cámara, se golpea el pecho y luego se marcha. La acción dura 90 segundos, pero una vez más sólo el 50 % de los sujetos del estudio vieron al intruso peludo.

Lo que se había producido es lo que se denomina “ceguera intencional”.

Uno de los hallazgos clave del experimento también fue que los sujetos tenían menos probabilidades de ver al gorila cuando se les pedía que contaran el número de pases realizado por el equipo que llevaba la camiseta blanca. Eso significaba, según Simons, que la gente no veía al gorila porque no tenía el aspecto de lo que buscaban… o porque sí tenía el aspecto de lo que estaban ignorando (el equipo con la camiseta negra).

Los ojos sólo ven en alta resolución dentro de un radio de dos grados desde nuestro punto de enfoque. En otras palabras, por muy buena que sea nuestra vista, la mayoría de las cosas que nos rodean permanecen principalmente desenfocadas.

En palabras de Simons:

Cuando más te concentras en lo que esperas ver, menos probable es que veas lo inesperado. (…) Existe una cantidad ilimitada de información en el mundo, pero nuestra capacidad para atender a la información es bastante limitada. Si estás limitado en el número de cosas a las que puedes prestar atención y la atención es la puerta de acceso a la consciencia, solo puedes ser consciente de un subconjunto limitado de lo que hay ahí fuera.

Vía | Tráfico de Tom Vanderbilt

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