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Leer novelas aumenta tu empatía y tu tolerancia por los demás

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Las novelas inciden más en el pensamiento de la gente común que miles de páginas de sesuda disquisición, básicamente porque la gente común no suele leer sesudas disquisiciones.

Y cuando se trata de ampliar nuestros horizontes empáticos y acentuar nuestra tolerancia por los demás, sobre todo por los que nos conocemos de primera mano, las novelas nos permiten hacer magia: meternos en sus cabezas, averiguar cómo son, piensan y siente y, por ende, advertir que tampoco son tan diferentes a nosotros como habíamos creído.

La empatía en la historia de la literatura

El instante crucial en el que la lectura empezó a generar un mayor grado de empatía en la gente común, hasta el punto de que podríamos afirmar que el mundo empezó a ser salvado gracias a la literatura, tuvo lugar a finales del siglo XVIII. Fue el instante en el que la novela se convirtió en un entretenimiento de masas.

A finales del siglo XVIII hubo un apogeo de humanismo que coincidió con el apogeo de la novela epistolar, un género en el que el relato se desarrolla a través de las propias palabras de un personaje. Lejos del distanciamiento del narrador omnisciente.

La generalización de la lectura, también se expandió la empatía hacia situaciones o personas que en principio parecían excluidas de la compasión general. Por ejemplo, el sentimiento abolicionista en Estados Unidos coincidió con la publicación de La cabaña del Tío Tom, de Harriet Beecher Stowe. Y los malos tratos infantiles en orfanatos empezaron a combatirse justo después de la publicación de novelas como Oliver Twist (1838) y La leyenda de Nicholas Nickleby (1839), ambas de Charles Dickens. Tal y como lo explica el psicólogo cognitivo Steven Pinker en Los ángeles que llevamos dentro:

Cuando sabemos cómo piensa otra persona, observamos el mundo desde la posición estratégica de esa persona. No sólo captamos visiones y sonidos que no podríamos experimentar directamente, sino que entramos en esa mente ajena y compartimos temporalmente sus actitudes y reacciones. (…) Es fácil suponer que el hábito de leer las palabras de otras personas nos puede habituar a entrar en su mente, con todos sus placeres y aflicciones. Introducirse siquiera por un instante en la perspectiva de alguien que se está poniendo negro en la picota, apartando desesperado leños ardientes o retorciéndose bajo doscientos latigazos podría hacer que la persona reflexionara sobre si alguien debe jamás sufrir tales crueldades.

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Harry Potter

Los psicólogos Raymond Mar y Keith Oatley tienen claro que la lectura potencia la empatía y el progreso humanitario, como explican ampliamente en su estudio publicado en Journal of Research in Personality.

La investigación sobre el impacto psicológico de la literatura sugiere que cuando leemos historias en las que los personajes están bien desarrollados, realmente nos deslizamos hacia el interior de esos personajes. Al asumir estas otras personalidades, aprendemos lo que es ser alguien más que nosotros mismos, mejorarando nuestras propias habilidades sociales.

Otro estudio demostró que los estudiantes de secundaria se volvieron menos racistas después de leer sobre los esfuerzos de Harry Potter para vencer al "lado oscuro" con sus prejuicios contra aquellos que carecen de la ascendencia de mago de ambos padres.

Así que leer es solo un pasatiempo, sí (sobre todo si leemos determinados libros), pero también puede ser mucho más. Hasta nos puede hacer mejores personas.

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