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La risa pone al descubierto nuestras ideas más arraigadas

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El humor es importante, al menos cierta clase de humor paródico. Porque la sorna, la befa, la parodia suelen poner al descubierto las contradicciones que intentamos ocultar, tanto a los demás como a nosotros mismos.

Por la misma razón, las personas que menos se autoengañan o que son más conscientes de su propia impostura y, por extensión, la de los demás, aprecian más fácilmente el humor, se ofenden menos con él, toleran más la carcajada, y por supuesto asumen la idea esencial de que todo puede ser objeto de burla, y que poner límites es peliagudo en tanto en cuanto cada uno de nosotros tiene el límite en un punto distinto.

Además, siempre he se ponen límites se encuentran formas de escamotearlo. Porque ¿qué significa exactamente ofender? ¿Cuando se pronuncien determinadas palabras o se pronuncien de determinada manera? Es muy sencillo escamotear esas normas: basta con llamar Einstein a un discapacitado intelectual para ofenderle, cuando Einstein es un elogio en otros contextos

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Tal y como abunda en ello Robert Trivers en su libro La insensatez de los necios:

Asimismo, quienes tienen más prejuicios implícitos con respecto a los negros o los roles sexuales tradicionales se ríen mucho más cuando se les presenta material en el que el humor tiene tintes racistas o sexuales. ¿Será posible que una contradicción interna más intensa en esas personas se alivie cuando hay un enfoque humorístico del tema y que de ahí provenga la hilaridad?

La risa también permite devaluar el poder, que suele sustentarse en la seriedad. También permite hablar de temas tabú o hacer llegar a más personas opiniones que grupos sociales que no tienen tanto poder.

Por otra parte, todos sabemos que el autoengaño es negativo y tiene riesgos aunque es necesario, de suerte que el humor nos permite sacar a la luz esta verdad para placer y disfrute general, pues todos nos autoengañamos. El humor es una especie de crítica en la esfera social que no amenaza a nadie: solo se trata de una broma.

Por ello, los fundamentalistas religiosos tienen menos sentido del humor.

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