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La gente sana mentalmente se engaña con más facilidad sobre su belleza

La gente sana mentalmente se engaña con más facilidad sobre su belleza
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Los individuos que sufren trastornos alimentarios a menudo están descontentas con el tamaño, la forma o el atractivo de su cuerpo, y a menudo distorsionan negativamente la realidad para verse a sí mismo peor de lo que son. Por eso las anoréxicas no son a menudo conscientes de lo delgadas que están, en realidad.

Sin embargo, muchas personas con este trastorno también son capaces de percibir con mayor precisión que las personas sanas mentalmente el atractivo de su propio cuerpo.

Lo que ocurre es que las personas sanas mentalmente, en aras de conservar la salud mental y protegerse de la depresión, suelen ser víctimas de sesgos interesados o ilusiones positivas sobre sí mismas. Y eso incluye la belleza del propio cuerpo.

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Es lo que descubrieron, por ejemplo, un grupo de psicólogos holandeses en un estudio del año 2006, donde se comparaban las valoraciones realizadas por los voluntarios a propósito de su belleza con las valoraciones realizadas por desconocidos.

Los voluntarios que sufrían algún trastorno alimentario evaluaron el atractivo de su cuerpo de una forma consistente con la puntuación que les otorgaban los desconocidos. Por el contrario, los voluntarios sanos, valoraron su cuerpo como mucho más atractivo de lo que hacía el grupo de desconocidos.

Esto pone en discusión hasta qué punto las definiciones de salud y enfermedad mental en ocasiones no encajan con lo que damos por sentado: nuestro cerebro no está diseñado para registrar la realidad exacta, sino para sobrevivir, aunque ello implique distorsionarla.

Algunas distorsiones las catalogamos como patológicas, pero otras son “naturales” y nos sirven para seguir adelante, tal y como abunda en ello Christian Jarrett en su libro Grandes mitos del cerebro:

Cuando la percepción que una persona tiene de una o de varias partes de su cuerpo es muy inexacta y angustiosa, se diagnostica normalmente como trastorno dismórfico corporal (TDC). Esto puede manifestarse como una sensación imprecisa de extrema fealdad o puede ser una idea delirante más concreta, como la creencia de que se tiene la cabeza en forma de caja o la nariz estrafalariamente larga.

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