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La felicidad también implica instantes de infelicidad

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Nuestra aspiración es la felicidad, pero también es cierto que solo partiendo de la infelicidad podemos llevar a cabo estrategias para alcanzar la felicidad. En otras palabras: el descontento con la situación es muchas veces el motor que impulsa a las personas a mejorar, superarse a sí mismas y remontar problemas.

La felicidad absoluta no nos permitiría buscar nuevas metas. Nuestros antepasados que siempre eran optimistas y felices no hicieron demasiado por cambiar su situación, no progresaron, y probablemente fueron extinguidos por la selección natural.

Sin embargo, los que solo eran felices cuando conseguían algún logro, y poco después volvían a ser infelices y necesitan alcanzar de nuevo esa cota de felicidad, fueron los que más progresaron, los que obtenían mejores alimentos, mejores refugios. En definitiva, se reprodujeron más. El homo sapiens es producto de esa dinámica prehistórica. Como ya dejara escrito Jean-Marie Hérault de Séchelles en el siglo XVIII:

Sólo progresamos cuando la melancolía hace presa en nosotros, cuando, insatisfechos del mundo que nos rodea, nos vemos obligados a crear otro más soportable.

El psicólogo N. Schwarz lo expresó de forma más técnica en “Feelings as information: Informational and motivational functions of affective states”:

Si el estado afectivo positivo informa al individuo de que su mundo personal está bien en ese momento, éste quizá encuentre poca necesidad de hacer esfuerzos cognitivos, a no ser que sean necesarios para alcanzar otras metas activas en ese momento.

No todo lo explica la insatisfacción

Guy 407161 640
No obstante, conviene conducirse con cierta cautela en la hipótesis de que la insatisfacción es lo que produce el progreso, nos evita permanecer asentados en la molicie.

Por ejemplo, en muchas situaciones críticas el ser humano opta por una huida hacia adelante. Por ejemplo, después de un fracaso afectivo le haga trizas el corazón, puede que alguien decida casarse deprisa y corriendo, acaso para calmar la zozobra. Pero un clavo no saca a otro clavo. Es decir, que los presuntos progresos o nuevas soluciones a una situación de insatisfacción, se convierten en nuevas insatisfacciones.

Como bien matizan María Dolores Avia y Carmelo Vázquez en su libro Optimismo inteligente:

Es mucho más probable, a nuestro juicio, que Pizarro y Cortés, aun estando insatisfechos con lo que había tocado en suerte, se embarcaran en grandes empresas no solamente ni fundamentalmente “porque” quisieran huir de su situación, sino también “para” dar rienda suelta a su interés por explorar el mundo y sus afanes de conquista o descubrimiento.

Imágenes | Pixabay

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