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Información actualizada: saberlo todo no es bueno, al menos en el tráfico

Información actualizada: saberlo todo no es bueno, al menos en el tráfico
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Poco a poco están introduciéndose dispositivos de navegación equipados con información sobre el tráfico en tiempo real. Así, el GPS ya no solo nos llevará por el camino más corto sino también por el camino menos congestionado. Algo muy de agradecer en estos días de vacaciones en el que todo el mundo coge el coche incluso para ir a comprar una barra de pan.

Imaginaos que se ha producido una colisión unos kilómetros más adelante. Nuestro GPS no detecta y, entonces, nos ofrece una ruta alternativa que, según sus cálculos, aumentará nuestro tiempo de llegada en seis minutos pero reducirá los posibles 20 o 30 minutos que supondrá quedarse detenido hasta que llegue la ambulancia.

Sin embargo, las cosas, cuando hablamos de tráfico, nunca pueden ser tan idílicas. Somos demasiadas personas, y gestionar tanta masa de tráfico es casi una utopía.

Veamos los inconvenientes de un sistema de información actualizada. El principal es que el cambio de ruta de los conductores debido a la información de sus navegadores también influirá continuamente en los flujos de vehículos de las rutas alternativas. Lo cual también alterará la predicción en pocos minutos. Dicho de otra forma: cuando todo el mundo sabe que las acciones de determinada empresa van a subir mañana, todo el mundo comprará hoy la acción… lo cual encarecería tanto la acción que mañana ya no podría subir.

Shreckenberg lo llama la “prognosis autodestructiva”. En su despacho de la Universidad de Duisburgo-Essen, señala un mapa de carreteras con sus vías iluminadas en unos casos de verde fluido y en otros de rojo atorado. “El pronóstico dice que esta carretera empeorará en una hora. Muchos lo mirarán y dirán: “Ah, mejor no usar la A3”. Entonces irán a otra parte. La retención no se producirá porque todo el mundo se habrá buscado otro camino. Eso es un problema”. Ese tipo de oscilaciones podrían producirse incluso con breves desfases en la información, en lo que Shreckenberg llama “efecto ping-pong”. Imaginen que hay dos rutas. Se informa a los conductores de que una es cinco minutos más rápida. Todo el mundo se pasa a esa ruta. Para cuando la información se actualiza, la ruta en la que se encuentra todo el mundo es ahora cinco minutos más lenta. La otra vía se vuelve más rápida, pero no tarda en sucumbir al mismo problema.

Es decir, que las predicciones no deberían ser solo las mejores predicciones de tráfico sino las mejores predicciones teniendo en cuenta la psicología del conductor: el conductor es un ente egoísta que siempre hará lo que mejor le vaya a él individualmente. Es decir, los navegadores del futuro deberán… mentir al usuario. O dicho más eufemísticamente: no deberán ofrecerle toda la información que busca.

Si todo el mundo lo supiera todo en cuanto al tráfico, entonces la congestión de tráfico jamás se resolvería, solo se desplazaría de un lado a otro. Obviamente esto solo ocurrirá cuando mucha gente disponga de estos navegadores: hasta que eso pase, los conductores mejor informados saldrán de las vías llenas y así las despejarán un tanto para los conductores desinformados. Cuando todos dispongamos de esa información, entonces, paradójicamente, deberán empezar a “desinformarnos” por nuestro propio bien colectivo.

Moshe Ben-Akiva, director del programa de Sistemas Inteligentes de Transporte del MIT, lo explica así:

La predicción correcta debe tener en cuenta cómo responderá la gente a la predicción. No puede predecirse lo que pasará mañana sin tener en cuenta cómo reaccionará la gente a la predicción una vez que esta se retransmita.

Contemplando el asunto con perspectiva, uno se pregunta entonces si esta “desinformación” o “información que busca el bien colectivo” no podría empezar a aplicarse en otros ámbitos de la vida, por ejemplo para repartir recursos escasos entre toda la población de una ciudad o de una país. Porque, a veces, saberlo todo no es bueno.

Vía | Tráfico de Tom Vanderbilt

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