Hablar por videoconferencia no es lo mismo que hacerlo cara cara: se interrumpe más el diálogo y hay agotamiento mental

Hablar por videoconferencia no es lo mismo que hacerlo cara cara: se interrumpe más el diálogo y hay agotamiento mental
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Durante una videollamada, las conversaciones tienen un tiempo de transición entre hablantes de aproximadamente 200 milisegundos. Debido a que esto es rápido, el oyente tiene que comprender al hablante, planificar su respuesta y predecir cuándo puede intervenir, simultáneamente.

Por consiguiente, la frustración y el agotamiento mental que siguen a una conversación online, en parte, pueden estar relacionados con tratar de captar señales sutiles durante las conversaciones a través de Zoom y otras plataformas, frente al tiempo de espera de Internet, según un nuevo estudio de la Universidad de Michigan.

Ondas cerebrales

Las ondas cerebrales pueden automatizar una parte de este problema. Sin embargo, los retrasos variables de la transmisión electrónica en las videoconferencias probablemente sean suficientes para desestabilizar estas ondas. Como se ha observado en estudios anteriores, en dos horas de reuniones consecutivas la actividad promedio de las ondas beta (aquellas relacionadas con el estrés) aumentó al paso del tiempo. En otras palabras, el estrés continuó elevándose.

Julie Boland, profesora de psicología y lingüística, y sus colegas han hallado evidencia de esta desestabilización en los tiempos de inicio de turnos más largos sobre Zoom.

Las páginas de soporte de Zoom sugieren que los retrasos de transmisión por debajo de 150 milisegundos (menos de 1/5 de segundo) deberían conducir a una experiencia completamente satisfactoria sin ningún retraso notable. El estudio de Boland se centra en retrasos considerablemente más cortos, muy por debajo de este nivel, que van desde aproximadamente 30 a 70 milisegundos.

Por lo tanto, las videoconferencias, como muchos han aprendido durante la pandemia, pueden ser menos agradables y hace sentir más incómodos a los hablantes.

Boland señala que ha estado fascinada por la eficiencia de procesamiento de la conversación durante varios años. El impacto de las llamadas de Zoom, que parecían menoscabar el ritmo y la gracia de las interacciones, despertó su interés por comprender mejor cómo se veían afectados el cerebro y el habla con el presente estudio.

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