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Genios idiotas de la música (y II)

Genios idiotas de la música (y II)
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El caso más popular fue el conocido como Eddie. Con 5 años ya tocaban estupendamente el piano. Su aspecto era hueso y quebradizo, y era más pequeño de lo normal. Usaba gafas de gran graduación y tenía dificultades para caminar. Además, sufría ecolalia: cuando se le hablaba, básicamente repetía lo que oía. Cuando Miller invitó a Eddie a tocar el piano, Eddie se transformó frente a sus ojos en una persona completamente distinta.

Eddie había subido rápidamente a la banqueta e, inclinando la cabeza hacia atrás, a la manera de los genios que están siendo invadidos por la inspiración, había dejado que sus dedos bailaran armoniosamente sobre las teclas. Interpretó Noche de paz con una técnica perfecta, y en los bajos sonó una hermosa figura arpegiada. Como los dedos cuarto y quinto de sus dos manos eran débiles, Eddie los usaba reforzándolos con otros dedos, para no perder la firmeza necesaria.

Eddie no sólo tocaba perfectamente el piano, sino que sabía improvisar y también reinventar las piezas musicales, arrancándoles nuevos matices inéditos. Es decir, que no aprendía a tocar una pieza mediante la práctica intensiva, sino que simplemente “se dejaba llevar”.

Por ejemplo, Miller interpretó Twinkle, Twinkle, Little Star en clave de sol, de la bemol y de fa sostenido en vez de hacerlo en clave de do, que era lo habitual. Entonces le pidió a Eddie que probara a repetir la pieza. Eddie lo hizo exactamente igual, y no de la forma que presuntamente la hubiera aprendido por repetición. A continuación, Eddie volvió a tocarla de otra forma diferente, añadiendo nuevos acordes de mano izquierda y transportando la pieza a una clave menor, con varias modulaciones inesperadas en su estructura armónica.

Es como si Eddie, un niño de 5 años discapacitado en muchas áreas, incluida la lingüística y la física, comprendiera a la perfección la gramática de la música y, por tanto, fuera capaz de jugar con ella, modularla y darle la forma que le viniera en gana. Eddie captaba la esencia de las piezas musicales.

Miller retrata así un paseo por la calle con Eddie cuando éste ya cuenta con 9 años de edad y su lenguaje, personalidad y capacidades físicas han mejorado ostensiblemente:

Me di cuenta de que un paseo con Eddie es un viaje a través de un panorama de sonidos. Pasa la mano por las verjas de metal para escuchar la vibración; da un golpe en todas la farolas y menciona el tono, si ha sonado limpio: se para a escuchar el estéreo de un coche; mira al cielo para seguir la pista de los aviones y los helicópteros; imita el piar de los pájaros; señala los camiones que pasan traqueteando calle abajo… Si vamos a una tienda, yo apenas me fijo en la radio que suena de fondo, pero él me dice: “Ese hombre está cantando en español”. Si tiene que ver con la comprensión auditiva, Eddie está alerta; y, a través de ese estado de alerta, recibe información de otras muchas clases.

Otro caso sorprendente referido por Miller es el de C.A. Era ciego de nacimiento, a los 6 años se le había diagnosticado un retraso mental grave y su lenguaje era casi ecolálico. C.A. también era agresivo y, hasta los 11 años, necesitaba que lo alimentaran, lo vistieran y lo asearan. Pero si escuchaba cómo alguien golpeaba en la mesa con una cucharilla, C.A. golpeaba con todos los objetos que tenía a mano hasta reproducir exactamente el sonido que había oído.

Poco después aprendió a tocar el acordeón y el piano y empezó a hacer actuaciones con regularidad.

Todos los casos descritos por Miller tenían lo que se llama oído perfecto u oído absoluto: la habilidad de identificar o cantar a petición cualquier nota en un tono determinado.

Que levante la mano quien no ha cantado nunca en la ducha. En el caso de estos genios idiotas descritos con Miller, es probable que se oyeran los aplausos de todo el vecindario cuando ellos salieran del baño.

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