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El exceso de acólitos de la religión Jedi agrava la lucha por el estado laico

El exceso de acólitos de la religión Jedi agrava la lucha por el estado laico
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El jediismo es un nuevo movimiento religioso (paródico) inspirado en el guion de la saga de Star Wars, algo así como el pastafarismo. Sin embargo, su increíble éxito podría ser un problema porque refuerza precisamente la cuestión que trata de parodiar. La creencia central en el jediismo es la Fuerza, un campo de energía metafísico y omnipresente que un Jedi denomina como la naturaleza fundamental del universo.

Solo en 2001, en el Reino Unido, 46.000 personas (0,4 % de la población) afirman que su religión era la Jedi. En Australia hay más de 60.000 y la cifra no deja de crecer.

El problema de estas cifras es que la administración australiana cuenta así que hay más religiosos en el país, cuando en realidad no es así, lo que boicotea la financiación estatal. Por ejemplo, cuando un australiano se declara de una religión no reconocida, como la que profesan los caballeros jedi, la administración lo inscribe en el apartado de religiones minoritarias, lo que ocasiona que movimientos como el ateo pierdan influencia y la posibilidad de acceder a financiación pública.

Obviamente, este problema solo se ocasiona por quienes profesan el jedismo desde el punto de vistra lúdico o paródico, no entre quienes lo hacen porque creen en ello de verdad, es decir, tal y como lo hacen los acólitos de otras religiones.

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El sesgo endogrupal

Tal vez la forma más fácil de distinguir quienes son de un grupo o de otro sea la siguiente: quienes tratan de censurar las críticas a la religión, ya sea aduciendo que se sienten ofendidos (o apelando al delito de blasfemia), ya sea poniéndote una bomba, son los que creen de verdad. En el resto resulta difícil en el sentido de que también la mayoría de las religiones disponen de su propio código indumentario, como sucede en Star Wars.

En el Islam, el burka, que cubre a la fémina de la cabeza a los pies, como enterrada en vida, bajo esa filosofía de que si no sales de una habitación acolchada el resto de tu vida entonces nada malo te pasará. El Kasa para el budismo japonés, un sombrero tradicional que emplean los monjes que cubre casi todo el rostro para proporcionar anonimato y evitar la distracción, estilo orejeras de burro. Algunos hábitos de monja, con el juego de sombras adecuado, recuerdan al traje de Darth Vader.

El jainismo aboga por evitar la ropa cosida, así que muchos hombres usan el dhoti, ropa sin coser envuelta alrededor de la cintura y las piernas. Los mormones llevan ropa interior especial. Para suicidarse, los sectarios de la Puerta Celestial se vistieron con camisa azul, pantalones y zapatillas deportivas, y un brazalete. También se cubrieron con un paño cuadrado y morado.

En puridad, todo esto se parece bastante a los trajes regionales, a los sombreros que identifican pueblos, a los boinas que separan culturas. Todo nace de lo mismo: de creer irracionalmente que uno es mejor/diferente/especial unido a la sensación de que perteneces a un cálido grupo, porque la soledad es muy dura de sobrellevar. En psicología, a esto se le llama sesgo endogrupal. También en este sesgo subyace parte del éxito del jediismo.

Ahora que lo pienso, yo también visto bajo el influjo de reglas similares. Influenciado por la moda local, ya sea para resaltar o para fundirme con la masa (en mi caso, procuro lo segundo); para identificarme con la clase de persona que soy o me gustaría ser o vaya usted a saber.

La diferencia, insistimos, en que de unos puedes reírte (e incluso se ríen de sí mismos porque no se lo toman muy en serio y saben de qué va el juego y sus reglas). De otros, cuidado que llueven chuzos de punta.

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