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El efecto BIRG: cuando nuestro equipo de fútbol gana, nosotros ganamos

El efecto BIRG: cuando nuestro equipo de fútbol gana, nosotros ganamos
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Uno de los fenómenos psicológicos/sociológicos/antropológicos que más me fascina es la fervorosa adscripción de un aficionado al fútbol con su equipo. Hasta el punto de que si su equipo gana un partido, parece sentirse como si él mismo hubiera ganado el partido. De hecho, no nos costará ver cómo el aficionado del equipo ganador ridiculiza al aficionado del equipo perdedor, como si el perdedor fuera más el aficionado y no el equipo.

Sospecho que este fenómeno me fascina tanto porque nunca he sentido nada ni remotamente parecido (supongo que influirá que no me guste el fútbol, no sé; aunque me encanta el cine y tampoco he sentido ningún un orgullo especial cuando un actor español se ha llevado el Oscar, por ejemplo). En cualquier caso es un fenómeno muy común. Tan común y universal que incluso tiene un nombre: el efecto BIRG.

El efecto BIRG (Basking In Reflected Glory, es decir, Complacencia en la gloria reflejada) es la responsable de que nos guste decir a los demás con orgullo que nosotros fuimos al mismo colegio que determinada celebridad, y que la gente diga “nosotros ganamos” cuando en realidad ganó un equipo de jugadores que chutan el balón a cambio sumas astronómicas de dinero.

Pero el efecto BIRG tiene otras implicaciones más sutiles, aunque sumamente interesantes. Por ejemplo, que la gente tienda a mentir sobre su fecha de nacimiento para fijarla en días señalados. Un tendencia que incluso podemos observar en el clero. Sí, habéis leído bien. A los curas les encanta nacer en Navidad.

El análisis lo realizó Albert Harrison, de la Universidad de California:

Recorriendo sus registros, clasificaron cada miembro del clero en uno de dos grupos: “clero eminente” eran aquéllos cuyo rango era el de obispo o más elevado, mientras que “clero no eminente” incluía a todos los demás. Sólo por azar, uno esperaría que aproximadamente el mismo porcentaje de ambos grupos hubiese nacido en Navidad. En realidad, una cantidad significativamente mayor de clérigos eminentes que de no eminentes afirmaba compartir cumpleaños con Cristo, lo que tal vez pruebe la idea de que cuanto más alto subes en el clero, más necesidad tienes de acercarte a Jesús.

Pero no sólo el clero es víctima del efecto BIRG. Todas las celebridades, a medida que escalan socialmente, intentan ajustar su fecha de nacimiento para que el evento tenga un aspecto más, digamos, auspicioso, o por otros muchos motivos que tienen que ver con esta “Complacencia en la gloria reflejada”.

La madre del eminente escritor de novelas de misterio Georges Simenon confesó haber falseado la fecha de nacimiento de su hijo, al decir que fue un día antes del viernes 13 de febrero de 1903 porque pensaba que el 13 “sería un sino muy duro para su dulce bebé recién nacido”. Si esta interpretación de los resultados es válida, entonces sería un error concluir que los clérigos de alta jerarquía son más proclives a mentir que los de baja jerarquía. En cambio, la evidencia sugeriría que son los mismos padres de los altos prelados quienes son especialmente mentirosos. Tal vez esto represente una de las pocas veces en las que hay evidencia empírica para respaldar la noción bíblica de que los pecados de los padres caerán sobre sus hijos.

Vía | Rarología de Richard Wiseman

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