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El despegue de los grupos de autoayuda

El despegue de los grupos de autoayuda
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Supongo que os acordáis de aquella mítica escena de la película Fight Club en la que el protagonista se vuelve adicto a los grupos de autoayuda de toda clase de temas, desde cáncer de testículo hasta Alcohólicos Anónimos. Aquel personaje obtenía cierto placer retorcido a la hora de fingir que estaba igual de mal o peor que los demás.

Sin embargo, los que acuden de forma fidedigna a tales grupos obtienen una satisfacción tan o más plena. Ésta es la razón de que ahora existan encuentros grupales de toda clase de temas, cuando inicialmente sólo se abordaban cuestiones relacionadas con las adicciones, como el juego, las drogas y el sexo. Ahora hay grupos de ayuda desde asuntos como la pérdida de peso hasta la experiencia de las personas transgénero.

La mayoría de los grupos de autoayuda se centran en experiencias vitales difíciles, y entre todos sus asistentes se forma una suerte de atmósfera empática que permite que la gente se enfrente con menos estrés a sus problemas. Tal es el auge de tales grupos que, solo en Estados Unidos, más del 7 % de los adultos participa cada año en algún grupo de autoayuda. Tal y como abunda Jeremy Rifkin en La civilización empática:

Decenas de millones de personas han formado parte de alguno en el transcurso de sus vidas. En los últimos años, los grupos de autoayuda han alcanzado una popularidad parecida a la de las catequesis de los domingos y los grupos de estudio bíblico en estados Unidos. En la actualidad, existen más de 500.000 grupos de autoayuda, lo que los convierte en una fuerza extraordinaria a la hora de dar forma al a vida persona y social del país. […] Por ejemplo, en Alemania tres millones de personas participan en más de 70.000 grupos de autoayuda.

El giro hacia la conciencia psicológica

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Sólo en Estados Unidos hay más de 33.000 psiquiatras y 150.000 psicoterapeutas. Casi 1 de cada 3 estadounidenses considera que “el origen de los problemas psicológicos del adulto puede rastrearse hasta su infancia”.

Según Rifkin, este cambio de percepción estimuló la empatía social, sobre todo entre las décadas 1960 y 1970:

Las luchas anticoloniales, el movimiento a favor de los derechos civiles, el movimiento contra la guerra, el antinuclear, el pacifista, el feminista, el movimiento gay, el movimiento a favor de los discapacitados y los movimientos ecologista y a favor de los derechos de los animales son todos ellos (al menos en parte) testimonio el nuevo énfasis psicológico en las relaciones íntimas, la introspección, las perspectivas multiculturales y la aceptación incodicional de los otros.

Este cambio de paradigma suscitó, en suma, que cada persona se empezara a considerar un individuo único, extremadamente valioso, por encima de cuestiones ideológicas abstractas.

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