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No, el agua no cambia en función de las emociones positivas o negativas

No, el agua no cambia en función de las emociones positivas o negativas
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Hay pseudociencias absurdas y oligofrénicas, y luego hay pseudociencias que contienen tanta palabrería científica que se nos puede colar como verdadera ciencia. Al menos es lo que le sucede a muchas de las personas de mi entorno con la idea de que el agua en sensible a las emociones.

Cuando viajéis por el mundo no es recomendable beber agua de determinados países (aquí tenéis un mapa con las zonas rojas), porque entonces sí que os relacionaréis emocionalmente mal con el agua, yendo una y otra vez al cuarto de baño. Pero no hay comunicación bilateral: el agua no reaccionará a vuestro enfado, a pesar de lo que postulan las teorías supercalifragilísticas del japonés Masaru Emoto, que postula que el agua puede albergar sentimientos, tanto positivos como negativos, y que ello depende, por ejemplo, que les hablemos de una u otra forma o que les hagamos escuchar una música determinada.

Emoto, que recoge todas estas ideas en su libro Mensajes en el agua, donde explica que tiene fotografías de cristales de hielo antes de dirigirles una palabra concreta, y que luego, según el tipo de palabras, los cristales adquiere una configuración armónica o no, por supuesto, comercializa botellitas de agua que él asegura que han sido purificadas por sus palabras y sus canciones alegres, unas botellas de agua tan salutífera que ríete tú de cualquier producto de farmacia.

Naturalmente, no existe ninguna evidencia científica de la teoría de Emoto. Sus experimentos no se han podido reproducir. Sin embargo, el mensaje ha colado en cierto sector intelectual (más de letras que de ciencias, todo hay que decirlo), que se ha visto fascinado por el documental ¿¡Y tú qué sabes!? (What the Bleep Do We Know!?).

La película no es más que el montaje publicitario del señor Masaru Emoto, el cual se presenta a sí mismo como “doctor”, y de su amiga Judith Z. Knight, que ofrece conferencias (a 1.000 dólares) en nombre de Ramtha, un guerrero espiritual de Lemuria, de 35,000 años de edad, que la posee desde que en 1977 se puso una pirámide en la cabeza. Se trata, pues, de un falso documental, una curiosa mezcla de teoría cuántica, neurociencia barata y teología, que sólo funciona como herramienta propagandística de sus patrocinadores: “La Escuela de Iluminación de Ramtha”.

O dicho de otra manera: si veis un vaso de agua, podéis insultarlo con relativa tranquilidad.
Imagen | cudipeich

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