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¿Es la religión la fuente de todos los males? (II)

¿Es la religión la fuente de todos los males? (II)
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Muchas personas sostienen que la religión debería protegerse y permanecer en contacto con nuestra cultura, y que ello no debería ser problema para la ciencia, pues ciencia y religión poseen distintos dominios de competencia. Esta idea fue defendida, por ejemplo, por Stephen Jay Gould en su libro Ciencia versus Religión.

En él se dice que ciencia y religión deben entenderse como magisterios no superpuestos: la ciencia, tratando cuestiones de hecho; la religión, cuestiones de ética y significado.

A juicio del físico Alan Sokal, esta posición es insostenible por dos motivos:

-Es un anatema para la mayoría de los creyentes, que no aceptarán renunciar a todas sus afirmaciones fácticas. ¿Cómo hacerlo si creen que sus afirmaciones son verdaderas? Incluso en el cristiano más moderado, existirá alguna creencia verdadera e irrenunciable, como que Dios creó el mundo o que la Biblia fue inspirada por el hijo de Dios.

-Además, si la religión renunciara a sus afirmaciones fácticas, ¿en qué fundamento descansarían sus juicios éticos?

O más exactamente: ¿con qué razones podría la religión reivindicar cualquier afirmación de carácter ético más allá de aquellas que pueden justificarse por razones puramente seculares (por ejemplo: como las intuiciones morales universales de los seres humanos)?

Actualmente los creyentes admiten que no hay que seguir literalmente todas las prescripciones éticas contenidas en la Biblia (sobre todo porque algunas de ellas son ilegales: podéis leer el libro de A. J. Jacobs, La Biblia al pie de la letra, para descubrirlo: estuvo un año viviendo tal y como lo disponía la Biblia, literalmente). Pero entonces ¿cómo podemos decidir qué prescripciones seguir o qué prescripciones ignorar, si no es usando ideas morales independientes del libro sagrado? Y si hay que juzgar el la revelación religiosa usando criterios externos a ellos, ¿para qué sirve la religión?

Bien, hasta aquí he tratado de exponer lo inconsistentes que son los méritos intrínsecos de las afirmaciones fácticas, éticas y epistemológicas que subyacen a la religión. Pero aún no he propuesto una alternativa cuando nos enzarzamos en las cosas buenas o malas que producen en el mundo las religiones respecto a la ciencia o viceversa.

Dado que las consecuencias fácticas de la religión son deficientes, creo que el debate sobre las consecuencias prácticas debe sustituirse por el estudio neurocientífico de la religión. Es decir, el escrutinio de los mecanismos psicológicos que subyacen a la creencia religiosa y las condiciones sociales que la fomentan o la inhiben.

En la tercera y última parte de este artículo las trataré más profundamente. Y concluiré con un epílogo dirigido a los que no aprueban esta clase de artículos en Genciencia.

Vía | Más allá de las imposturas intelectuales de Alan Sokal

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