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El personaje de la Biblia que comprueba científicamente si Dios le habla

El personaje de la Biblia que comprueba científicamente si Dios le habla
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Cuando nos decidimos a comprar un coche de segunda mano solemos esgrimir un escepticismo y una cautela que, sin embargo, brilla por su ausencia a la hora de abordar lagunas de conocimiento relativas al sentido de la vida o a algún tipo de trascendencia espiritual: desde fantasmas hasta a Dios pasando por el “puesamifuncionismo” de las pseudomedicinas.

Naturalmente, este comportamiento precientífico tiene lugar entre los personajes que pueblan la Biblia. Si alguien dice ser el hijo de Dios, se cree a pie juntillas. Y si no se cree, basta con que presenciemos un milagro, y entonces creeremos que eso es verdad. Sin mayores reservas. Sin embargo, hay un personaje de la Biblia que quiso conducirse a través de un experimento científico para saber si Dios era realmente quien se están comunicando con él.

Gedeón es un individuo que aparece en el capítulo 6 del Libro de los Jueces que mantiene una breve charla con alguien que dice ser Dios. Gedeón, sin embargo, no esta seguro de ello, e incluso aduce que podría ser una voz inventada por su mente.

Lo cual no deja de ser el planteamiento más racional: qué es más probable, ¿que esté sufriendo una alucinación, algo que sucede a menudo, o que el creador del universo decida hablar a una persona en particular? Para comprobar que está hablando con Dios, Gedeón le pide a la voz que eche un poco de rocío a una piel de carnero:

Si verdaderamente vas a servirte de mí para salvar Isreal, como has dicho, lo comprobaré tendiendo un vellón sobre la era; si el rocío empapa solamente el vellón y todo el suelo alrededor queda seco, sabré que te servirás de mí para salvar Israel, como me has prometido.
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Al día siguiente, en efecto, Gedeón descubrió que la piel estaba mojada. Al escurrirla, llenó un tazón de agua. Pero aquello no era una prueba lo suficientemente científica y/o escéptica. Podría haber sido una casualidad natural. Quizá si dejabas un vellón sobre la era toda la noche podría ocurrir algo así sin la intervención de una divinidad. Así que Gedeón hablo de nuevo a Dios:

No te enojes contra mí si me atrevo a hablarte otra vez. Déjame, por favor, que haga una prueba con el vellón: que sólo el vellón permanezca seco y que el rocío empape todo el suelo alrededor.

Gedeón, tal y como explica el psicólogo Dan Ariely en su libro Las ventajas del deseo, había impuesto una condición de control. No era gran cosa, todavía era una prueba rudimentaria en comparación, por ejemplo, con los ensayos a doble ciego que se llevan a cabo para probar nuevas medicinas, pero era algo un poco más sofisticado que el creer por creer.

Al día siguiente, según la Biblia, Gedeón descubrió que su petición había sido cumplida, y se creyó que estaba hablando con Dios. Todavía faltaban un buen puñado de siglos hasta que nacieran las primeras personas que pusieran en duda las propias creencias sometiéndolas al escrutinio ajeno, dudando incluso de las percepciones individuales y exigiendo la explicación de la concatenación de hechos que produce un fenómeno, a través de la universidad invisible, pero sin duda constituyó una lección básica del buen investigador. Según Arely:

Comparemos el cuidadoso método experimental de Gedeón con la práctica de la medicina durante siglos. Durante mucho tiempo la medicina fue un saber que se transmitía de generación en generación; los primeros profesionales de la Antigüedad trabajaban a partir de sus propias intuiciones, combinadas con la sabiduría heredada. (…) Los médicos no se formaban para dudar de sus intuiciones ni para hacer experimentos; confiaban plenamente en sus maestros.
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