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De caras, ojos y narices como forma de catalogar a las personas (y hasta de eliminarlas)

De caras, ojos y narices como forma de catalogar a las personas (y hasta de eliminarlas)
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A lo largo de la historia, frenólogos y fisonomistas han inferido las características del ser humano a partir de las protuberancias del cráneo y los rasgos faciales. Incluso se han fijado en sus narices para averiguar qué se cuece en la cabeza de las personas.

Dado que el acceso al interior del cerebro de las personas aún era una tarea infructuosa, y la empatía era miope, la gente se empecinó en clasificar a la gente por lo que se podía ver a simple vista o tras un examen superficial.

Una forma de catalogar a la gente que incluso llegó a épocas aterradoramente recientes. Por ejemplo, durante la década de 1960, científicos tan prestigiosos como el físico William B. Shockley, que incluso era premio Nobel y miembro de la Academia de las Ciencias, apoyó las ideas del endocrinólogo Dwight J. Ingle, que reivindicó la esterilización masiva de la población negra residente en el país para evitar el “debilitamiento” de la cepa caucásica.

Narices

Por ejemplo, el anatomista holandés del siglo XVIII Petrus Camper intentó evaluar el intelecto a partir de la pendiente de la nariz. Y el médico y viajero François Bernier, amigo, por cierto, de Cyrano de Bergerac, también trató de clasificar el mundo en función de las narices de sus habitantes, como podéis leer con más detalle en Dividiendo el mundo por narices.

Caras

El término eugenesia fue acuñado por Francis Galton en 1883. Para Galton, gran matemático británico y primo hermano de Charles Darwin, la palabra significaba exclusivamente “mejora de los nacimientos”, aplicándola a su tesis de que los individuos más favorecidos debían recibir el respaldo de la sociedad para que tuvieran una mayor cantidad de hijos (eugenesia positiva) en detrimentos de otros, mucho peor dotados, a los que habría de disuadir de tener hijos (eugenesia negativa).

No es extraño que Galton, pues, tratara de realizar estudios disparatados como averiguar dónde vivían las mujeres más bellas de su país.

Y es que la belleza ha tenido siempre un gran protagonismo a la hora de evaluar la pureza de una persona, incluso a nivel moral. Que se lo digan a Friné, la hetaira de la antigua Grecia que fue absuelta por su belleza: enseñó su cuerpo desnudo al jurado, y su abogado defensor alegó que alguien tan bello no podía causar el mal a nadie.

En la Edad Media, cuando dos hombres eran acusados por idéntico delito, el juez condenaba al menos agraciado físicamente de los dos. Y en caso de duda, los feos eran los culpables. Y actualmente las cárceles de todo el mundo tienen un porcentaje más elevado de feos que de bellos. Las personas solemos acusar con mayor severidad al feo, y justificamos normalmente al bello.

Ojos

En 1968, conmocionada por el asesinato de Martin Luther King Jr, Jane Elliot, una profesora de primaria de una pequeña localidad de Iowa (EEUU) llevó a cabo un taller en su clase, llamado "Blue eyes, brown eyes-experiment", para que los alumnos experimentaran en primera persona las consecuencias del racismo.

En esencia, el experimento consistió en dividir a los alumnos en función del color de sus ojos. Un día, el grupo de ojos claros escuchaba cómo ellos y ellas eran mejores sólo por el color de sus ojos, más listos y buenos. Su comportamiento era alabado y recibían diversos privilegios, mientras los miembros de la clase con ojos oscuros recibían un trato discriminatorio. Al día siguiente, se llevó a cabo el ejercicio contrario, y fueron los alumnos de ojos oscuros los que recibieron un trato preferente. A continuación podéis ver el vídeo del experimento:

El color de los ojos es importante, pero también los es su forma. Muchos asiáticos se someten a cirugía estética para “occidentalizar” sus ojos para ser aceptados, como le sucedió a Julie Chen.

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