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Un paso más hacia el ordenador cuántico

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El ordenador cuántico está lejos aún, pero los investigadores comienzan a dar pequeños pasos hacia él. Para empezar, se ha desarrollado una técnica denominada bang-bang que permite almacenar información cuántica. Esto está muy bien, si no fuera porque el precio por gramo del método es de 7 millones de libras, en euros unos 10 milloncejos. El pder de la nanotecnología permitirá controlar bien el precio, ya que las moléculas que almacenan la información cuántica están compuestas por 10 átomos.

La idea de la computación cuántica es la propiedad de los átomos para existir en varios estados a la vez. Así, las unidades mínimas de información (lo que nosotros conocemos como bits) podrían estar simultáneamente en varios estados y multiplicar exponencialmente las capacidades de proceso de los computadores, y ampliar su horizonte útil hasta límites que ahora no podemos conocer. El problema más evidente de los ordenadores o computadores cuánticos es que nadie sabe cómo construirlos. La información permanece almacenada en los qubits (bits cuánticos) hasta que algo interactúa con ellos. Como la operación de lectura de información es un modo de interacción, la información contenida por el qubit desaparecería en el momento de obtenerla. Dificil problema. Los investigadores del departamento de Ciencias Materiales de la Universidad de Oxford planearon confinar cada qubit en una Buckyball. Esta estructura se llama realmente partícula de fullereno Buckminster. El fullereno es uno de los cuatro tipos naturales en que se encuentra el carbono. Los otros tres son el diamante, el grafito y la cerafita. La molécula de fullereno puede tomar la forma de una esfera, un elipsoide o un cilindro. En el caso del cilindro se le suele llamar nanotubo, y en el caso esférico Buckyball.

De manera simplificada, el mecanismo bang-bang funciona de la siguiente manera: una vez confinado el átomo en la molécula de fullereno, es bombardeado periódicamente por un intenso pulso de microondas que intermitentemente invierte la manera en la que el átomo interactúa con el entorno. La información "sale" y "entra" en el átomo periódicamente de la misma manera en la que un niño rebotaría con los demás mientras juegan a la gallinita ciega. Si el pulso se dispara con la suficiente frecuencia, la información permanece netamente intacta.

"El experimento ha sido un éxito. Hemos conseguido mostrar un alto grado de desacoplo entre el spin nuclear y el entorno", dice el doctor Simon Benjamin. Lo que significa que la información almacenada por el átomo se ha podido leer y conservar, y que la Humanidad ha dado un paso más en la dirección correcta.

Vía | "Nanotechnology":http://www.nanotechnology.com/news/?id=7758

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