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Algunos prodigios tecnológicos de lo increíblemente pequeño

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Lo increíblemente pequeño pasa desapercibido para nuestros sentidos. Sin embargo, las cosas más pequeñas progresivamente irán surtiéndonos de cosas cada vez más grandes.

Los prodigios que nos reportará la nanotecnología, la fabricación de dispositivos compuestos por un número relativamente pequeño de moléculas, resultan propios de la ciencia ficción.

Los que ya hemos obtenido, también. Ahí van unos cuantos recientes:

-Bruce Lamartine y Roger Stutz, de Los Alamaos National Laboratory, grabaron agujas de acero inoxidable con haces iónicos. Así crearon las ROM´s (“memorias muertas”) de gran densidad, cuyas líneas se han cortado tan finas, hasta las 150 milmillonésimas de metro, que permiten el almacenamiento de 2 gigabytes de datos en una aguja de 25 milímetros de longitud y 1 milímetro de anchura.

Al no ser magnéticos los materiales, la información así almacenada es casi indestructible. Aunque queda mucho por investigar, en teoría pueden ordenarse átomos para que almacenen datos. La Biblioteca de Babel será Atómica.

-Mark Wightman y sus colegas investigadores de la Universidad de Carolina del Norte han permitido a los químicos establecer el tiempo de las reacciones moleculares con una precisión sin precedentes. Es decir, el tiempo que tardan un par de moléculas en encontrarse y combinarse cuando se mezclan diferentes reactivos. Ello ha sido posible al confinar soluciones en espacios extremadamente pequeños.

-Ya existen de verdad máquinas de tamaño molecular que se ensamblan a sí mismas bajo la dirección de los técnicos. Una de las técnicas más prometedoras, diseñada por George M. Whitesides de la Universidad de Harvard y otros químicos orgánicos, consiste en monocapas autoesambladas (SAM).

Las SAMs consisten en moléculas en forma de salchicha tales como las largas cadenas de carbono denominadas alcanotioles. Después de su síntesis en el laboratorio, las sustancias son pintadas sobre una superficie de oro. Un extremo de cada molécula tiene propiedades que hacen que se adhiera el oro; el otro extremo, constituido por átomos de propiedades distintas, se dirige hacia fuera. Así alineadas, como soldados en un desfile, las moléculas del mismo tipo crean una capa única de sólo uno a dos nanómetros de espesor. A continuación, se depositan moléculas con una construcción distinta para crear una segunda capa sobre la primera, y así sucesivamente, compuesto a compuesto, para producir una película estratificada del grosor y las propiedades químicas que se deseen.

Las SAMs comparten algunas de las propiedades de las células vivas: en realidad son simulacros de fragmentos elementales de vida, aunque en absoluto están vivas. Sin embargo, si consiguen ensamblar de manera adecuada un número suficiente de tales componentes, los químicos podrán producir algún día una célula viva admisible.

Vía | Consilience de Edward O. Wilson.

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