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Los camiones están destruyendo las carreteras

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A pesar de los impuestos que tienen los vehículos de gran tonelaje, estos no son suficientes para reparar los daños que dichos vehículos ocasionan en las carreteras. Daños en los que también se cuentan accidentes, emisiones y congestiones de tráfico.

Nueva Zelanda, Suiza y algunos otros países europeos ya han introducido un sistema de cargos basado en la masa y la distancia de estos vehículos.

Gran tonelaje

Un B-Double o road train (un tráiler muy largo típico en Australia) puede causar, por kilómetro recorrido, 20.000 veces el desgaste de la carretera que provoca un automóvil familiar. En países como Australia, los impuestos de este tipo de vehículos, sin embargo, son bajos en comparación. Estos camiones con varios remolques que miden hasta 45 metros de largo y que transportan la mercancía entre los puntos más distantes del país los describe magistralmente Bill Bryson en su libro En las antípodas:

Encontrarse de cara con un roadtrain a toda velocidad en una carretera de dos carriles de la que desea ocupar todo el suyo y parte del tuyo es una experiencia energética: sientes un bum explosivo y pegas contra el aire que te desplaza, luego hay un inevitable tambaleo hacia el arcén, de frenética acción de los ejes como para perder los empastes dentales y vaciarte los bolsillos de monedas, te envuelve un manto de polvo rojo y arenoso, oyes una serie de crujidos metálicos y pedradas, y tú emites sonidos inarticulados involuntariamente conforme se aclara la polvareda y empiezas a ver algún canto rodado en lontananza; y de repente, una milagrosa vuelta a la tranquilidad y la normalidad cuando el coche recupera su carril en la carretera, como por voluntad propia, y sigue camino a Alice Springs.

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El problema es que los subsidios ocultos en curso para camiones pesados ​​de larga distancia es una de las razones por las que ha habido una constante desviación del transporte de mercancías de ferrocarril al transporte de mercancías en grandes camiones.

A modo de ejemplo, más de 15 millones de toneladas anuales de carga se trasladan ahora entre Sydney y Melbourne, con más de 3.000 B-Double y semirremolques, día y noche. En este recorrido, el ferrocarril ahora mueve alrededor del 2% de la carga interurbana de la ciudad en contenedores.

La decisión de Shell Oil en 2009 de dejar de utilizar el ferrocarril para el transporte de largo recorrido de productos petrolíferos en Nueva Gales del Sur y utilizar camiones es otro cambio a tener en cuenta. Fue en parte debido a los subsidios para la mayoría de las operaciones de transporte en esta clase de vehículos, junto con las concesiones en curso a los límites de la masa y de la dimensión para los vehículos pesados.

Aunque la reforma necesaria ha tardado en llegar a Australia, hay indicios de que algunos cambios pueden empezar a tener lugar. En julio de 2016, el gobierno de Victoria solicitó a la Comisión Nacional del Transporte que revisara cómo se asignan los costos de la carretera a los camiones pesados. En agosto de ese año, el ministro de Infraestructura Urbana, Paul Fletcher, sugirió que los camiones que pesan más de 4,5 toneladas deberían pagar cargos extra.

Son, pues, los impuestos los principales responsables del uso de transportes, y que estos sean más o menos contaminante. Y por ello, precisamente, deberíamos incluso alegrarnos de que la gasolina suba de precio.

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