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La hambruna que llegó a los nietos

La hambruna que llegó a los nietos
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Cerca del final de la Segunda Guerra Mundial, posteriormente al desembarco de Normandía, las condiciones de vida de los Países Bajos, todavía ocupados por los nazis, se pusieron más difíciles. Como represalia a una huelga de ferrocarriles en cooperación con el exilio, los alemanes contraatacaron decretando un embargo sobre todos los transportes de comida destinados al sector de Holanda que aún estaban bajo ocupación de la Wehrmacht. Holanda, entonces, no podía conseguir más alimentos que no fueran los que pudieran tener allí mismos y obtener de su tierra.

Aquella época se conoce como la Hambruna Holandesa duró desde principios de noviembre de 1944 hasta finales de la primavera de 1945. Fue un periodo tremendamente frío en Europa Occidental. Los canales de navegación fluvial se congelaron, con lo que las barcazas no podían navegar por ellos. Y todo, por si fuera poco, en una época de guerra. Además, los alemanes derribaron diques, con lo que gran parte de la producción agrícola dejó de estar disponible.

En un momento determinado la población estuvo tratando de sobrevivir con sólo un 30% de la ingesta diaria normal de calorías. La gente comía hierba, bulbos de tulipán e incluso sangre de animales; y quemaba cualquier pedazo de mueble que caía en sus manos, en un desesperado intento de permanecer con vida, ya que los alemanes también habían interrumpido el suministro de carbón (salvo los destinados a sus fuerzas armadas, por supuesto). La gente caminaba docenas de kilómetros en busca de comida y hacer trueques con objetos de valor. La hambruna sólo finalizó cuando se liberó Holanda en mayo de 1945, Para entonces habían muerto más de 20.000 personas.

Por supuesto, los efectos en los supervivientes se hicieron notar. Una de las víctimas de aquella hambruna fue la actriz Audrey Hepburn, quien tenía en aquel momento 16 años. Los efectos secundarios de aquella hambruna, incluida una salud física precaria la acompañaron toda su vida, pues padeció anemia y enfermedades respiratorias en su edad adulta que fueron atribuidas a aquella época.

Hay, no obstante, un legado científico notable. Resulta que aquel grupo de supervivientes holandeses estaba muy bien identificado. Todos los individuos habían sufrido al mismo tiempo un solo periodo de desnutrición y gracias a la excelente infraestructura sanitaria que se tenía en Holanda los investigadores pudieron seguir los efectos a largo plazo de aquella hambruna.

Uno de los primeros aspectos estudiados fue el efecto de la hambruna en los pesos al nacer de niños que habían estado en el vientre de sus madres durante aquel terrible periodo. Si una madre se había alimentado normalmente durante la época de la concepción y había padecido sólo los últimos meses de embarazo, lo más probable es que su hijo naciera pequeño. Si, por otro lado, la madre había sufrido desnutrición durante los tres primeros meses de embarazo (debido a que había sido concebido al final de la hambruna) y luego se había podido alimentar de forma normal, entonces el niño había nacido con un peso corporal normal. El feto, podríamos decir, había recuperado el peso perdido.

Hasta aquí todo parece normal, pero la gracia de este suceso es que los científicos pudieron seguir la evolución de esta población a lo largo de las décadas siguientes. Los niños que habían nacido pequeños siguieron siendo bajos durante toda su vida, con unos índices de obesidad muy inferiores a la población en general. Durante cuarenta años, estas personas tuvieron tano acceso a la comida como deseaban, sin embargo, sus cuerpos nunca llegaron a reponerse de aquel periodo temprano de desnutrición.

Los niños cuyas madres habían sufrido solo durante una fase temprana del embarazo (los que luego habían podido recuperar su peso) tenían unos índices de obesidad superiores a lo normal. Y es más: estudios recientes han puesto de manifiesto una incidencia mayor de otros problemas, incluidas determinadas pruebas de actividad mental, eran más sensibles al estrés y tenían una tasa dos veces superior de padecer una enfermedad coronaria. Aunque habían estado perfectamente sanos al nacer, algo había sucedido durante su desarrollo en el útero durante los tres primeros meses de desarrollo, una fase en la que el feto es realmente muy pequeño, puede afectar a un individuo durante el resto de su vida.

Tanto unos como otros tuvieron más diabetes del tipo 2, pero también tuvieron más éxito reproductivo, empezando a tener hijos a una edad más temprana y con mayor probabilidad de tener gemelos.

Y todavía más asombrosos: algunos de estos efectos parecen estar presentes en los hijos de este último grupo, es decir, en los nietos de los que habían pasado la hambruna en los tres primeros meses de embarazo.

No es un ejemplo único, sino que también se repitió en los supervivientes de la Gran Hambruna China de 1958 a 1961 en la que millones de personas murieron de hambre a consecuencia de las políticas de Mao Tse-tung.

O sea, que no sólo era importante lo que había sucedido con aquellos fetos, en qué momento del embarazo había sucedido, sino con las descendencia de ellos. Podría decirse que los nietos pagaron parte del sufrimiento de las abuelas.

Fuente | Nessa Carey, La revolución epigenética.
Fuente | hongerwinter
En Xataka Ciencia | Cómo una hambruna puede heredarse durante generaciones: el fenotipo ahorrador
Foto | National Archief

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