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¿Es económicamente muy costoso ayudar a los mendigos? (I)

¿Es económicamente muy costoso ayudar a los mendigos? (I)
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No importa la ciudad que visitéis. Si es lo suficientemente grande, os cruzaréis con vagabundos que piden limosna, o que se refugian para dormir bajo cartones. Pensamos, en consecuencia, que la existencia de mendigos es un mal insoluble, pues si no fuera así, alguna ciudad del mundo hubiera conseguido erradicarlo de sus calles.

Así pues, ¿realmente es muy costoso prestar ayuda a los mendigos o es un mal endémico que debemos arrostrar si queremos mantener la economía de un país? (dejando a un lado de que un porcentaje destacable de homeless sencillamente lo son porque sufren algún tipo de desorden psicológico).

Antes de responder a esta pregunta, cabe aclarar un error muy frecuente que la gente repite sin cesar: que aumentar el gasto gubernamental en algún aspecto tiene que ir acompañado, en consecuencia, de un aumento de los impuestos o un recorte en otro aspecto. Es decir: si damos más ayudas a los pobres, ello repercutirá en una mayor carga fiscal de todos nosotros, o en un recorte de ayudas para asuntos como la concesión de becas de estudios.

Esto no es necesariamente así. Para aumentar un gasto gubernamental sólo es necesario incrementar el rédito fiscal. Por ejemplo, si la economía crece más rápido que la inflación, entonces la carga fiscal puede seguir siendo la misma y el gasto gubernamental crecer en términos reales, pues existe una porción fiscal más grande para que el gobierno tome una porción proporcionalmente idéntica. Por ello, incluso una disminución en la presión fiscal a veces produce un aumento en el rédito fiscal global.

¿Significaría eso que, si alguien se beneficia, otros deben pagar de alguna manera, aunque esos beneficios y pagos no sean estrictamente necesarios? Tampoco, tal y como explica Julian Baggini:

Por ejemplo, hay formas de ayudar a los criminales convictos a reinsertarse en la sociedad, y como los criminales suponen un coste para el contribuyente mientras que los trabajadores contribuyen a la riqueza nacional, un esquema semejante beneficiaría tanto a los criminales como a los contribuyentes y a la sociedad en su conjunto.

Esta regla del “todos ganan” también podría aplicarse a determinados casos de inmigración, a etnias marginales como los gitanos o también a los mendigos.

Con todo, hay otras razones para valorar la idea de cuán costoso puede llegar a ser el ayudar a los mendigos a dejar de serlo. En la siguiente entrega de este artículo trataré de demostraros que puede resultar menos gravoso económicamente el solucionar el problema de los sin techo que la política actual consistente en atenderles sanitariamente.

Vía | ¿Se creen que somos tontos? de Julian Baggini y Lo que vio el perro de Malcolm Gladwell

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